Rolando Ixquiac

Nos conocimos hace más de 40 años y aún sin vernos con frecuencia, nuestra amistad se fue cimentando con el tiempo. Hoy ya no está para deslumbrarnos con sus colores.

Les comparto esta columna que le dediqué en 2008:

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Las ratas del archivo

Ratas simbólicas o reales, la cosa es que aparecen de nuevo en óleos, acuarelas y en la memoria de tiempos pasados y presentes.

Las ratas estaban en el archivo, aunque también podría decirse que El Archivo estaba lleno de ratas. Más gordas, siempre ávidas de comida y con esa actitud subrepticia de los seres que viven escondidos en rincones oscuros, al acecho de sus víctimas.

Cuando Rolando Ixquiac Xicará exhibió su colección de ratas en los años ochenta, el mensaje era claro. Tan claro que todos hicieron su propia interpretación de intenciones y símbolos, de éticas y estéticas, seguros de haber dado en el clavo. Ratas grises –casi uniformadas- desfilaron por los muros de El Túnel de la zona uno con sus ojillos insignificantes y sus incisivos listos para hundirlos en la carne tierna.

Coleccionistas, intelectuales y curiosos las vieron y comentaron. Y las ratas, por consiguiente, se sintieron aludidas. Esta semana, veintisiete años después, salen de su escondrijo y se instalan triunfantes, una vez más en los muros de El Túnel, esta vez en su sede de Plaza Obelisco.

De acuerdo con Ixquiac Xicará, los pequeños roedores continúan vigentes. Según él, después de casi tres décadas muchas cosas permanecen y otras han involucionado al punto de haberse atrofiado del todo. Perteneciente a una generación anclada en el debate ideológico y con el concepto de un arte comprometido, el artista considera imposible abstraerse de la realidad al punto de traicionarla, lo cual lo coloca en la difícil disyuntiva de seguir esa línea de denuncia que marcó su trayectoria, o transformarse en un producto más del mercado del arte.

Quizás por eso sacó a las ratas del archivo, les sacudió el polvo, les retocó los bordes, las expuso a la luz y ahora quiere que las veamos todos para obligarnos a constatar que nada ha cambiado y aquellas vivencias del pasado, siguen vivas y vigentes.

De alguna manera sutil y compleja, resulta evidente que muchas personas han elegido permanecer inmersas en ese mundo oscuro de los disimulos, los equívocos y la negación del pasado, en ese afán de hacer caso omiso de lo de antes para tener el valor de enfrentar lo que viene. Sin embargo, ahí está el arte para recordarles el encadenamiento de los hechos y su enorme influencia en el presente de una democracia cuya esencia está diluída entre promesas no cumplidas y justicia no acatada.

Casi olvido hablar del valor estético de las ratas. La verdad es que son hermosas. Como toda expresión de buen arte, han sobrellevado el tiempo con perfecta dignidad y mantienen intactos sus trazos sutiles y la vaporosa huella del pincel. Pero detrás de la composición, el balance y la factura, la inquietante presencia del pasado.

 

elquintopatio@gmail.com

 

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