El origen de la catástrofe

No fue el huracán lo que ha destruido la vida de miles de familias guatemaltecas

Guatemala es un país golpeado al extremo de haber perdido toda oportunidad de desarrollo durante las últimas décadas. Sus gobernantes la han traicionado con premeditación y alevosía, tal y como se califica un homicidio en primer grado. El país sangra por sus cuatro costados mientras sus políticos, empresarios y militares de alto rango se reparten su riqueza con la abierta complicidad de las organizaciones criminales que hacen su agosto con los negocios más viles. Secuestro, tráfico de personas –niñas, niños, adolescentes y mujeres como su principal mercancía- y, por supuesto, el sicariato ante la vista de las fuerzas del orden.

Resulta imposible comprender cómo ha sido posible una destrucción de la institucionalidad en un marco supuestamente democrático y a la vista de la comunidad internacional. La degradación política ha alcanzado tal nivel como para colocar a Guatemala como el peor de los ejemplos de la región, solo por encima de Haití en algunos de sus indicadores más importantes de desarrollo humano. Su presidente –si es que aún puede ostentar ese título- no es más que un monigote puesto en el sillón de mando para proteger los intereses de una casta empresarial depredadora y venal. La corrupción de su gobierno, como la de sus antecesores, es de récord mundial. Quizá apenas superada por algunas repúblicas africanas del siglo pasado.

Castigada por un sistema neoliberal impuesto desde Estados Unidos y transformado por la pirámide criolla en una herramienta de enriquecimiento y autoritarismo sin límites, esta república centroamericana ha perdido a lo largo de las décadas la gran oportunidad de convertirse en un ejemplo de desarrollo, perdiendo el control sobre sus innumerables riquezas. Sus gobiernos -supuestamente democráticos- han transformado la limosna en una práctica corriente para ganar adeptos durante las campañas electorales y, una vez instalados en el poder, han reducido hasta el límite de lo posible la inversión pública, abandonando al país a una destrucción segura de su infraestructura con fines de privatización.

Por eso las tragedias que azotan a Guatemala cada año cobran miles de víctimas. Porque a su gente le han robado hasta la esperanza. La destrucción del hábitat por la ausencia de políticas de Estado para la conservación de los ecosistemas es una de las causas de graves deslaves, inundaciones y destrucción de puentes y caminos. Mientras los empresarios roban ríos y destrozan carreteras sin asumir responsabilidad alguna, las comunidades ven con impotencia cómo se van reduciendo sus posibilidades de supervivencia. Hoy, el inquilino del palacio de gobierno, quien en menos de un año ha quedado en evidencia como la peor lacra que ha pasado por el despacho presidencial, pretende elevarse como un dictador negando de manera constante toda responsabilidad en el deterioro acelerado de la vida de sus conciudadanos. 

Ni siquiera el Covid ha superado el nivel de amenaza vital que significa el actual gobierno. Este se ha declarado explícitamente incapaz para manejar no solo la gestión pública, sino también la pandemia, y ahora amplía los alcances de su incapacidad para decir que no puede socorrer a las víctimas de Eta, mientras la población se moviliza como puede para ayudar a quienes lo han perdido todo. Indudablemente algo muy malo pasa cuando una nación resulta impotente para recuperar la integridad de sus instituciones y se deja gobernar por una casta político-empresarial con tal nivel de miopía e incompetencia. 

Guatemala pierde oportunidades por la traición de sus políticos.

AUDIO:

elquintopatio@gmail.com

10 thoughts on “El origen de la catástrofe

  1. Excelente análisis como siempre. Ojalá y las letras pudieran arrancar de raíz la mala fé y voluntad de abusar del pueblo, que habita en la clase política guatemalteca. Ojalá y un día todo esto sea tan sólo un mal recuerdo. En Guatemala hasta suena iluso decir “la esperanza es lo último que se pierde”. Saludos Doña Carolina.

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    1. Muchas gracias por su comentario. Solo la ciudadanía puede realizar ese milagro de recuperar la institucionalidad y la democracia. Quizá con ayuda internacional se logre algún día, ya que las instancias de poder están corrompidas hasta el hueso. Saludos.

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  2. Felicitaciones excelente análisis y sobre todo el esfuerzo de sintetizar esta realidad en este documento y el video, lo compartiré con gusto para ayudar a despertar las conciencias de los Guatemaltecos

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  3. EL ATINADO CONTENIDO DEL ARTICULO DE LA SEÑORA VASQUEZ ARAYA ES EL REFLEJO DE UNA REALIDAD QUE NO PODEMOS OCULTAR. DESAFORTUNADAMENTE, NOSOTROS, EL PUEBLO, SOMOS COMPLICES DE ESE DESASTRE POR TOLERAR A ESA ESCORIA SOCIAL QUE NOS HA “GOBERNADO” POR AÑOS. ESTAMOS CONSCIENTES QUE NOS ESTAN ROBANDO DESCARADAMENTE, DE SUS FRECUENTES ABUSOS, Y SOLO NOS LIMITAMOS PARA CRITICAR. MIENTRAS PERMITAMOS LA MISMA GENTUZA CONTINUE CON EL PODER, NO AÑOREMOS CAMBIOS RADICALES EN EL PODRIDO SISTEMA. NOS TENEMOS QUE ORGANIZAR LOS “BUENOS” PARA MANIFESTARNOS PUBLICAMENTE CONTRA TANTA INGRATITUD SOCIAL, ASI COMO DEJAR DE PAGAR IMPUESTOS PARA MINIMIZAR LOS ATROPELLOS DE ESTOS VULGARES DELINCUENTES.

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  4. Buen día Carolina,
    le felicito por su mensaje claro, directo y valiente.
    Esa casta político-empresarial es, sin duda, cortoplacista, pero desde siempre ha buscado apropiarse del poder y de la riqueza de la nación, no en un marco democrático, perdido ha muchas décadas, sino apenas en un vacío y grotesco ritual electoral.
    E. Martinez
    Paris, 9 Nov. 2020

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    1. Muchas gracias, de no cambiar las reglas del juego (la famosa LEPP) la tremenda destrucción institucional no podrá revertirse. Eso solo puede lograrlo la acción ciudadana. Saludos.

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  5. De acuerdo al artículo y sus comentarios. Entonces yo agrego que el problema es más bien político y su solución también es Política y pregunto: en qué Partido político militan ustedes o en qué agrupación tendiente a conformarlo. De lo contrario sólo aramos en el mar.

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    1. Tiene toda la razón, de no organizarse políticamente, será difícil incidir en un cambio de sistema y de estructuras institucionales sólidas. El problema reside en la perversa manipulación de la política actual, lo cual mantiene a la ciudadanía en una actitud de rechazo hacia esa forma de participación.
      Gracias por su comentario.
      Saludos

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