Mirada retrospectiva

¿Recuerdan lo que sucedía en diciembre de 2003, después de las elecciones generales? Echen una miradita al panorama de entonces y vean cuánto se parece al actual.

Las imágenes de 2003 son un resumen de los desafíos de 2004

Es de suponer que la segunda vuelta transcurrió en calma y que ya comenzó la cuenta regresiva para la transmisión de mando (escribí esto el sábado a mediodía). Hoy ya hay nuevo presidente. Algunos estarán deprimidos, otros muy felices, pero lo importante es que Portillo y el FRG se alejan, transformándose en un lunar más de la negra historia nacional de la corrupción y el abuso.
Durante estos días la prensa se ha dedicado a resumir en imágenes y breves reseñas lo más importante del año que termina. Ahí hemos podido ver reflejada la violencia imparable contra las mujeres, contra la sociedad civil, contra el estado de Derecho, contra la niñez y contra los derechos humanos en general. También ha quedado impreso el ambiente de tensión internacional, la guerra en Irak y las estratagemas de Bush para apoderarse del mundo, mientras Europa trata en vano de alcanzar un protagonismo digno de su antigua reputación de continente colonialista.
Pero además de lo que hace el hombre contra sí mismo y sus semejantes, es profundamente preocupante el daño irreparable que le está ocasionando al ambiente en que vive, al planeta que alguna vez fue verde y ahora luce desértico y agotado.
Dicen que los grandes avances de la Humanidad están hechos de pequeños pasos. Por eso es de vital importancia que el gobierno que asumirá el 14 de enero comprenda que sus acciones, aunque parezcan insignificantes dentro del contexto mundial, tienen un impacto decisivo en el corto y mediano plazo sobre la calidad de vida y las perspectivas futuras de este país.
De ahí que es imperioso llamar la atención de los futuros funcionarios para que analicen cuidadosamente y con un criterio absolutamente apegado al interés nacional, todos los contratos, acuerdos y tratados en que se haya comprometido al Estado durante los últimos cuatro años, ya que muchos de ellos, si no la mayoría –como los contratos de exploración petrolera- son una condena a muerte para las posibilidades futuras de Guatemala y sus habitantes.
Siempre creí que la vocación de esta tierra maravillosa está en el turismo, en el cultivo de bosques y en la exportación de productos de alta calidad como las flores, las artesanías, el café y las hortalizas, entre muchos otros. Su desarrollo económico y social, por lo tanto, depende de una visión integral de su potencial agrícola, industrial y comercial pero no con una perspectiva segmentada para favorecer a pequeños grupos de poder, sino con políticas incluyentes que permitan a los futuros gobernantes cumplir promesas en las cuales probablemente nunca creyeron.
elquinto@intelnet.net.gt

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