Strindberg: En la intimidad de un drama

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Hacer teatro es complicado. Se necesita perseverancia, talento y un buen ojo para escoger las obras; pero también apoyo, recursos y un público tan interesado como dispuesto a pagar el boleto para mantenerse sentado un par de horas ante un escenario.  Luis Largo y Alejandro Endara, conscientes de poseer solo algunas de las ventajas anteriores -y no precisamente las que facilitan el montaje- han decidido llevar “su” teatro hacia los espacios más íntimos e inusuales: espacios pequeños, cafés con ambiente informal en donde caben los sueños de artistas deseosos de compartir sus proyectos.

Ambos jóvenes -en sus veintes y con estudios de dirección y actuación en la Universidad del Azuay con licenciatura en Arte Teatral- unieron sus expectativas, sus talentos y un enorme caudal de energía para romper los obstáculos y adentrarse de lleno en el estudio y desarrollo de obras de gran nivel. Es así como han presentado en La Guarida El más fuerte, una de las obras de August Strindberg (1849-1912), el gran escritor y dramaturgo sueco y uno de los mayores exponentes del expresionismo en el teatro. Las obras de Strindberg, caracterizadas por romper de lleno con el romanticismo en los escenarios de su época para incursionar en una sátira cruda derivando luego hacia manifestaciones menos realistas, se prestan de manera magistral para llevarlas hacia un público culto y abierto a nuevas formas de expresión dramática.

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“- Fer ¿tú por aquí? Sentado en tu rincón el día de Nochebuena como un triste solitario… ¿Cómo estás?” -le espeta Jorge (Alejandro Endara) a un espectador desprevenido, sentado a una de las mesas del pequeño café. Su monólogo, a medida que avanza la obra, asciende de tono mientras domina el espacio físico, un poco más grande que el zaguán de una casa antigua y tenuemente iluminado en tonos rojizos, perfectos para dar un toque aún más dramático a la atmósfera del lugar.  Poco a poco la trama comienza a desenvolverse como un artilugio que se despliega frente al espectador, quien se va adentrando en la historia de un drama pasional entre dos hombres que alguna vez compartieron una buena amistad.

La pregunta surge por sí sola: ¿Por qué un drama tan oscuro? ¿Por qué Strindberg para marcar el inicio de una carrera teatral?

Luis Largo, el director de la obra y quien adaptó el libreto de El más fuerte para presentarlo en un espacio tan íntimo y ante una pequeña audiencia, explica:

-Con Alejandro Endara hemos escogido trabajar con autores de gran nivel porque existe un vacío en cuanto a obras complejas y poco populares. Estamos conscientes de las dificultades, pero estamos comenzando con un proyecto que ni siquiera hemos bautizado. Es decir, Alejandro y yo conformamos una compañía teatral sin recursos y aún somos bastante desconocidos en el medio; sin embargo tenemos grandes expectativas de desarrollar una identidad artística propia, apropiándonos de un espacio que ofrece buenas posibilidades de éxito. Hemos elegido a August Strindberg por ser uno de los más importantes autores pero también por su fuerza dramática y porque la adaptación de algunas de sus obras –así como las de otros dramaturgos- nos permite mantener esta línea de teatro íntimo, de cámara.

-Esta obra –agrega- tiene un tono dramático muy intenso, el personaje va elevando la expresión de sus emociones, por lo tanto la adaptación del libreto busca darle credibilidad y no solo mostrar el chispazo emotivo sino llevar su secuencia desde el origen, trabajar desde sus propias emociones. La dirección busca el resultado trabajando el proceso completo.

-¿Cuál es el concepto del proyecto en el cual están incursionando?

-La idea es incluir la ficción dentro de un espacio normal, bordear la frontera entre lo real y lo ficticio para que el público se sienta parte de una realidad alternativa. De algún modo todos creamos ficciones en nuestra vida y el teatro no es totalmente distinto de nuestras construcciones personales, concluye Luis Largo.

Alejandro añade:

-Para actores jóvenes que incursionan en un medio tan complejo, conseguir apoyo financiero es casi imposible. Lo intentamos de mil maneras pero nadie quiso aportar y de ese modo no teníamos ninguna posibilidad de tener acceso a un escenario tradicional. Por lo tanto, la opción era buscar establecimientos que nos permitieran montar nuestras obras en un formato pequeño y muy íntimo, lo cual ha resultado, además de original, un modo muy interesante de involucrar al público en el desarrollo de la trama. Hemos tenido muchos buenos momentos desde que comenzamos con este proyecto.

-¿Quién más ha participado en el montaje de esta obra?

Además de Alejandro Endara como el actor y Luis Largo en la dirección, hemos tenido la colaboración de Nanda Palacios, Raúl Armijos, Lucas Bozzacchi y Juan Maldonado en el diseño teatral. El afiche fue ilustrado por Kevin Ávila.

Publicado por El Mercurio (www.elmercurio.com.ec)  19/08/2018

 

 

 

Ixquiac Xicará: ética y estética

Un artista cuya obra plástica perdurará con su fuerza a través de los años.

Una vida dedicada al arte constituye una aventura arriesgada y difícil. El mercado del arte no depende de los artistas, sino de tendencias marcadas por los críticos, los curadores, los coleccionistas, los dueños de galerías importantes pero mucho menos de quienes crean y producen las obras. En este contexto, un creador surgido de un ambiente ajeno a los salones en donde se decide quién vale y quién no resulta no solo una apuesta difícil; también es recorrer caminos llenos de obstáculos.

Rolando Ixquiac Xicará los recorrió todos y entró a lo más selecto del mundo artístico de Guatemala con un mensaje diferente y retador. Sus composiciones cuidadosamente estudiadas, su maestría en el manejo del color y un dibujo aparentemente ingenuo pero con una fuerte carga emotiva y cargadas de rebeldía, engañan a primera vista y dejan ese resabio de placer natural frente a la belleza. Pero sumado a ello, la complejidad de su pensamiento, su innegable habilidad para estampar en un espacio determinado todo un sofisticado universo de formas y conceptos con los cuales comparte su visión del mundo, no dejan lugar a dudas sobre su compromiso estético.

Los inicios de Rolando en las labores manuales comenzaron en el taller de zapatería de su padre. Luego, trabajando en un taller de enderezado y pintura adquirió la maestría en el uso de los más diversos materiales, sus colores, texturas y plasticidad. Al ingresar a la Escuela de Artes Plásticas ya llevaba ese valioso camino recorrido, lo cual le facilitó el aprendizaje. Al comenzar a pintar descubrió ese universo maravilloso para el cual ya poseía las habilidades prestadas por sus oficios anteriores. La pintura se convirtió, entonces, en el reducto seguro dentro de una ciudad cuya dinámica le era ajena. Ese punto de partida lo llevó a participar en bienales y salas de exhibición en el país y el mundo.

Existe, en toda su obra, un leit motiv absolutamente definido: el racismo. Sus personajes vienen desde la experiencia vital de un artista cuyos inicios fueron marcados por la discriminación y por una guerra cruenta y prolongada cuyas víctimas fueron en su inmensa mayoría indígenas como él. Rolando Ixquiac, quien en los años 70 no tenía por qué salirse del esquema trillado del costumbrismo estético, de la paleta vibrante de sus pares, de esa descripción preciosa del entorno rural, se abrió paso a través de una sociedad poco tolerante con las diferencias étnicas y sus pasos lo llevaron a invadir un espacio supuestamente ajeno. Rodeado de un mercado de arte emergente, fue capaz de sentar sus reales en salas de exhibición y subastas a la par de un arte ladino por excelencia.

La coherencia de su denuncia le significó críticas cuyo trasfondo iba dirigido más a descalificar su técnica que el contenido de su obra, como una manera de matar al mensajero frente a un mercado no proclive a la protesta política en tiempos de conflicto, en una sociedad conservadora y centrada en su condición de superioridad étnica. De ahí la cuidadosa concepción de temas en toda su obra, la elección de colores emblemáticos y la inclusión de detalles aparentemente insignificantes pero de un gran simbolismo, elementos cuya integración en el conjunto proviene de un estudio profundo del mensaje y una revisión exhaustiva del modo de transmitirlo.

Hoy Rolando ya no está. Su partida crea un inmenso espacio de ausencia entre sus familiares y amigos, pero también en el mundo del arte; ese mundo al cual ingresó un día con toda propiedad por la puerta principal.

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Rolando Ixquiac

Nos conocimos hace más de 40 años y aún sin vernos con frecuencia, nuestra amistad se fue cimentando con el tiempo. Hoy ya no está para deslumbrarnos con sus colores.

Les comparto esta columna que le dediqué en 2008:

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Las ratas del archivo

Ratas simbólicas o reales, la cosa es que aparecen de nuevo en óleos, acuarelas y en la memoria de tiempos pasados y presentes.

Las ratas estaban en el archivo, aunque también podría decirse que El Archivo estaba lleno de ratas. Más gordas, siempre ávidas de comida y con esa actitud subrepticia de los seres que viven escondidos en rincones oscuros, al acecho de sus víctimas.

Cuando Rolando Ixquiac Xicará exhibió su colección de ratas en los años ochenta, el mensaje era claro. Tan claro que todos hicieron su propia interpretación de intenciones y símbolos, de éticas y estéticas, seguros de haber dado en el clavo. Ratas grises –casi uniformadas- desfilaron por los muros de El Túnel de la zona uno con sus ojillos insignificantes y sus incisivos listos para hundirlos en la carne tierna.

Coleccionistas, intelectuales y curiosos las vieron y comentaron. Y las ratas, por consiguiente, se sintieron aludidas. Esta semana, veintisiete años después, salen de su escondrijo y se instalan triunfantes, una vez más en los muros de El Túnel, esta vez en su sede de Plaza Obelisco.

De acuerdo con Ixquiac Xicará, los pequeños roedores continúan vigentes. Según él, después de casi tres décadas muchas cosas permanecen y otras han involucionado al punto de haberse atrofiado del todo. Perteneciente a una generación anclada en el debate ideológico y con el concepto de un arte comprometido, el artista considera imposible abstraerse de la realidad al punto de traicionarla, lo cual lo coloca en la difícil disyuntiva de seguir esa línea de denuncia que marcó su trayectoria, o transformarse en un producto más del mercado del arte.

Quizás por eso sacó a las ratas del archivo, les sacudió el polvo, les retocó los bordes, las expuso a la luz y ahora quiere que las veamos todos para obligarnos a constatar que nada ha cambiado y aquellas vivencias del pasado, siguen vivas y vigentes.

De alguna manera sutil y compleja, resulta evidente que muchas personas han elegido permanecer inmersas en ese mundo oscuro de los disimulos, los equívocos y la negación del pasado, en ese afán de hacer caso omiso de lo de antes para tener el valor de enfrentar lo que viene. Sin embargo, ahí está el arte para recordarles el encadenamiento de los hechos y su enorme influencia en el presente de una democracia cuya esencia está diluída entre promesas no cumplidas y justicia no acatada.

Casi olvido hablar del valor estético de las ratas. La verdad es que son hermosas. Como toda expresión de buen arte, han sobrellevado el tiempo con perfecta dignidad y mantienen intactos sus trazos sutiles y la vaporosa huella del pincel. Pero detrás de la composición, el balance y la factura, la inquietante presencia del pasado.

 

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Secretos bajo la cúpula

Los escándalos del clero no son nuevos, pero vienen a hacer noticia.

 Los delitos cometidos por miembros del clero han pasado durante siglos bajo la vara del secretismo más hermético. Por el simple hecho de pertenecer a una comunidad amparada por un halo de espiritualidad, virtud y autoridad moral –el arquetipo de toda institución de carácter religioso- los hechos vergonzosos de abuso sexual, político, social, laboral y económico han sido acallados con la complicidad de la sociedad, pero también tolerados por los sistemas de justicia, hasta cuyas cortes recién comienzan a aparecer los sindicados.

El informe de más de mil trescientas páginas producido por el gran jurado de Pensilvania menciona casos aterradores de pedofilia, pornografía infantil, abortos forzados y otros delitos cubiertos por el silencio eclesiástico durante más de 70 años. Sin embargo, los crímenes bajo las cúpulas, en el amparo de los conventos y las gruesas paredes de los monasterios vienen desde muy atrás y han contado con una histórica garantía de impunidad. Ahora, cuando comienzan a salir a la luz pública estos hechos, también va tomando cuerpo la sanción moral de una comunidad de feligreses no dispuestos a tolerarlos.

El imperio construido bajo la insignia de la espiritualidad viene mostrando agujeros en su estructura a lo largo de toda su historia. La violencia ejercida desde los púlpitos con la anuencia de comunidades dóciles ante la imposición patriarcal y dominante de la Iglesia, no solo ha impactado a víctimas de abuso sexual, también ha influido de manera determinante en los ámbitos de la política, la economía y muy especialmente en el control de comunidades campesinas e indígenas con el propósito de transformar en virtudes espirituales sus carencias, su pobreza y su marginación. 

La crisis experimentada actualmente por la iglesia católica no se reduce a los delitos de sus sacerdotes y ministros, también cuenta con una enorme cuota su posición cerrada respecto de la despenalización del aborto, lo cual ha generado en las recientes semanas una ola masiva de rechazo por parte de feligreses decididos a abandonar a la institución bajo cuyos parámetros y enseñanzas fueron educados desde la infancia. Hoy la apostasía ha dejado de ser un pecado para convertirse en un acto de reivindicación política, espiritual y social.

Al detallado informe del gran jurado de Pensilvania se suma el justo reclamo de las mujeres: teólogas, religiosas y laicas van decididas a luchar por la igualdad. Sometidas a un plano de servidumbre y dominación durante siglos, las mujeres pertenecientes y cercanas a la institución comienzan a levantar sus voces para exigir respeto, equidad y espacios de toma de decisiones dentro de las jerarquías eclesiásticas. También exigen su liberación del servicio doméstico al cual son relegadas -dentro del ámbito eclesiástico- incluso aquellas estudiosas que ya poseen doctorados en teología.

Muchos son los obstáculos a vencer pero estas mujeres han decidido luchar por su ingreso en los órganos de poder y tener acceso a ejercer el sacerdocio en igualdad de condiciones que los hombres. Esto deja en evidencia la delicada situación que enfrenta el Vaticano, ya que la supervivencia de cualquier institución –religiosa o no- depende en alto grado de su capacidad para adaptarse a los cambios de la sociedad en la cual se desempeña. La resistencia férrea del catolicismo a comprender y adoptar los nuevos parámetros del mundo actual puede ser su condena a perder gran parte de su influencia, como ya está siendo condenada moralmente por los excesos y los crímenes de muchos de sus miembros.

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Argentina_Aborto: Los pañuelos verdes

Red Latina sin fronteras

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Aborto: Los pañuelos verdes
por Carolina Vásquez Araya

Las cifras de niñas embarazadas y mujeres muertas por abortos clandestinos exigen una revisión profunda y urgente de los marcos legales

Las mujeres argentinas han marcado un hasta aquí en uno de los temas más sensibles y controversiales para las sociedades latinoamericanas: el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo –IVE- impulsado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. El emblema de la organización desde la cual se originó el movimiento hace ya 15 años es un pañuelo verde con una inscripción en blanco que reza “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, poniendo de relieve una de las causas principales de muertes evitables de mujeres en todos los países del continente.

El proyecto de la despenalización del aborto –ya aprobado por la Cámara de Diputados argentina luego de uno…

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El lento suicidio de una nación

Hay muchas maneras de acabar con las posibilidades de progreso para un país.

 Cuando presumimos de ser inteligentes, solemos compararnos con otros seres vivos de la naturaleza. Grave error. Nuestra capacidad para pensar, analizar, diseñar nuevos modelos de sociedad, desarrollar tecnología y modificar el entorno se ha divorciado paulatinamente de las necesidades vitales de las personas. Los animales y las plantas, en cambio, funcionan de manera colectiva y no solo se protegen, sino además administran sus recursos para evitar sufrir las consecuencias de una depredación total de su hábitat.

En estas primeras décadas del siglo nuestra dependencia de los sistemas tecnológicos tiende a acentuarse de modo acelerado. Quienes poseen los recursos económicos para tener acceso a la tecnología, esta dependencia alcanza visos de obsesión. Lo que no nos dicen es cómo van a enfrentar las nuevas generaciones –y quizá nosotros- los enormes desafíos cuando los fenómenos atmosféricos alcancen un nivel catastrófico: calentamiento global y desertización con su cauda de inundaciones, pérdida de fajas costeras, agotamiento de los recursos hídricos, sequías y otros fenómenos de los cuales ya hemos tenido los primeros anuncios.

Si esto resulta fatal en países desarrollados, para aquellas naciones menos afortunadas, cuyos gobiernos corruptos se sostienen gracias a un balance desigual de los poderes, el futuro presenta riesgos de enorme envergadura. Entre estos países se encuentran algunos de los más afectados por las intervenciones políticas, económicas y militares de Estados Unidos, como los que componen el triángulo norte de Centroamérica –Guatemala, El Salvador y Honduras- cuyas frágiles democracias se encuentran bajo constante amenaza.

En estos países, los indicadores de desarrollo humano revelan un cuadro de abandono y abuso indescriptibles. La desnutrición crónica, miseria, violencia y falta de oportunidades para las nuevas generaciones auguran un futuro marcado por la profundización de sus carencias, con una gran masa poblacional bajo la línea de la pobreza cuyas capacidades intelectuales -reducidas por efecto de su condición nutricional- les impedirá tener acceso al mercado laboral; y cuya pobreza será, por razones obvias, un obstáculo insalvable para emprender cualquier iniciativa como salida hacia el desarrollo.

Lo más preocupante de este cuadro es la falta de inteligencia de quienes poseen el poder económico. Ocupados en consolidar sus privilegios y aumentar sus riquezas, han olvidado el hecho elemental de su dependencia de la fuerza laboral, gracias a cuyo trabajo mal remunerado han amasado algunas de las mayores fortunas del continente. Sumado a ello, su indiferencia hacia las graves consecuencias de sus industrias extractivas y cultivos extensivos, que han destruido por completo algunos de los más importantes ecosistemas de la región, denota una absoluta falta de sentido común.

En otras palabras: la combinación de gobiernos corruptos y empresariados miopes da como resultado el suicidio lento de naciones ricas en potencia, pero miserablemente administradas por castas fincadas por siglos en los poderes de esos Estados. A ello se suma una clase media con afanes aspiracionales y bajo la ilusión de pertenecer al sector privilegiado aun cuando lo sirven por migajas. Este colchón poblacional –entre los ricos muy ricos y los pobres muy pobres- se conforma mientras no haya síntomas de colapso y reeligen, una y otra vez, a sus mismos representantes políticos. Quizá sea ahí en donde se necesita empezar a reconstruir la autoestima de estas naciones castigadas por siglos.

La codicia es capaz de anular la inteligencia y el sentido común.

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La trata: un pingüe negocio

El silencio alrededor de los crímenes contra la niñez evidencia complicidad institucional.

Las macabras historias de los “hogares seguros” en donde van a parar niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad revelan hasta dónde son capaces de operar las organizaciones criminales y cómo la sociedad calla y tolera. Estas aberraciones suceden no solo en Guatemala, Argentina o Chile; también en países más desarrollados en donde los derechos de la niñez pasan por debajo de la vista pública y se violan sin control alguno. Las víctimas, al pertenecer a los sectores más débiles de la población –NNA pobres, abandonados y sometidos a la autoridad de otros- no poseen la menor credibilidad frente a los sistemas de justicia.

Esto fortalece a las redes de trata de personas en sus distintas modalidades en un sistema cuya principal característica es la discriminación contra los sectores más pobres, las mujeres y los menores de edad. Es decir, grupos poblacionales cuyos derechos no son ejercidos libremente, sino dependen de quienes ostentan el poder en un escenario de machismo y patriarcado. ¿Qué ha sucedido con las denuncias recurrentes de la periodista Mariela Castañón en Guatemala sobre las fuertes sospechas de la existencia de redes de trata en los hogares seguros de ese país? Nada. Los entes de investigación, callan. El gobierno, sobre cuyos integrantes flotan sospechas de abuso sexual y violaciones, calla. Y la ciudadanía insiste en condenar a las víctimas con su actitud atávica de desprecio por su condición de marginadas, porque en su visión de las cosas nada es más despreciable que un ser humano débil e impotente.

Las acusaciones crueles e injustas contra las niñas violadas y quemadas en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción hablan por sí solas. Se las etiquetó como prostitutas y delincuentes por el simple hecho de haber ido a caer en un sistema de abuso, tortura y muerte. Las razones por las cuales habían sido institucionalizadas no fueron analizadas ni comprendidas por una mayoría urbana siempre presta a condenar a sus semejantes a partir de rumores y apariencias, dando mayor crédito a los victimarios que a las víctimas.  

Arriesgar la vida frente a organizaciones criminales tan poderosas es una apuesta valiente de los pocos periodistas que se han dado a la tarea de investigar. Los tentáculos de estas redes se fincan con fuerza no solo en entidades gubernamentales y cuerpos de seguridad particulares y oficiales, también se garantizan impunidad gracias al poder de sus clientes. Es decir, de no emprenderse una campaña de fondo para erradicarlas, lo natural será su consolidación porque el dinero que fluye del negocio de la trata constituye un instrumento poderoso para romper obstáculos en todos los frentes, incluido el sistema de justicia, por lo cual las denuncias quedan en legajos muertos acumulando polvo.

Uno de los síntomas más preocupantes del poder del negocio de la trata es la recurrencia de desapariciones de niñas, niños y adolescentes de todas las edades, especialmente en nuestro continente. Son miles de seres indefensos cuya ausencia detona alertas pero de quienes, a pesar de las denuncias, nunca se vuelve a saber. Sin embargo, innumerables prostíbulos que ofrecen servicios sexuales de menores gozan de la protección de la policía y otros funcionarios, quienes aprovechan ese recurso de enriquecimiento ilícito cerrando los ojos a una realidad aberrante. Es imperativo comprender en dónde reside el origen de esta monstruosa maquinaria y comenzar a construir sociedades cuya principal prioridad sea la protección de la niñez. La vida de estos seres vulnerables no es una moneda de intercambio sino la base de una sociedad funcional, justa e integradora. Una sociedad menos sentenciosa y mucho más empática.

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