Argentina_Aborto: Los pañuelos verdes

Red Latina sin fronteras

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Aborto: Los pañuelos verdes
por Carolina Vásquez Araya

Las cifras de niñas embarazadas y mujeres muertas por abortos clandestinos exigen una revisión profunda y urgente de los marcos legales

Las mujeres argentinas han marcado un hasta aquí en uno de los temas más sensibles y controversiales para las sociedades latinoamericanas: el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo –IVE- impulsado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. El emblema de la organización desde la cual se originó el movimiento hace ya 15 años es un pañuelo verde con una inscripción en blanco que reza “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, poniendo de relieve una de las causas principales de muertes evitables de mujeres en todos los países del continente.

El proyecto de la despenalización del aborto –ya aprobado por la Cámara de Diputados argentina luego de uno…

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El lento suicidio de una nación

Hay muchas maneras de acabar con las posibilidades de progreso para un país.

 Cuando presumimos de ser inteligentes, solemos compararnos con otros seres vivos de la naturaleza. Grave error. Nuestra capacidad para pensar, analizar, diseñar nuevos modelos de sociedad, desarrollar tecnología y modificar el entorno se ha divorciado paulatinamente de las necesidades vitales de las personas. Los animales y las plantas, en cambio, funcionan de manera colectiva y no solo se protegen, sino además administran sus recursos para evitar sufrir las consecuencias de una depredación total de su hábitat.

En estas primeras décadas del siglo nuestra dependencia de los sistemas tecnológicos tiende a acentuarse de modo acelerado. Quienes poseen los recursos económicos para tener acceso a la tecnología, esta dependencia alcanza visos de obsesión. Lo que no nos dicen es cómo van a enfrentar las nuevas generaciones –y quizá nosotros- los enormes desafíos cuando los fenómenos atmosféricos alcancen un nivel catastrófico: calentamiento global y desertización con su cauda de inundaciones, pérdida de fajas costeras, agotamiento de los recursos hídricos, sequías y otros fenómenos de los cuales ya hemos tenido los primeros anuncios.

Si esto resulta fatal en países desarrollados, para aquellas naciones menos afortunadas, cuyos gobiernos corruptos se sostienen gracias a un balance desigual de los poderes, el futuro presenta riesgos de enorme envergadura. Entre estos países se encuentran algunos de los más afectados por las intervenciones políticas, económicas y militares de Estados Unidos, como los que componen el triángulo norte de Centroamérica –Guatemala, El Salvador y Honduras- cuyas frágiles democracias se encuentran bajo constante amenaza.

En estos países, los indicadores de desarrollo humano revelan un cuadro de abandono y abuso indescriptibles. La desnutrición crónica, miseria, violencia y falta de oportunidades para las nuevas generaciones auguran un futuro marcado por la profundización de sus carencias, con una gran masa poblacional bajo la línea de la pobreza cuyas capacidades intelectuales -reducidas por efecto de su condición nutricional- les impedirá tener acceso al mercado laboral; y cuya pobreza será, por razones obvias, un obstáculo insalvable para emprender cualquier iniciativa como salida hacia el desarrollo.

Lo más preocupante de este cuadro es la falta de inteligencia de quienes poseen el poder económico. Ocupados en consolidar sus privilegios y aumentar sus riquezas, han olvidado el hecho elemental de su dependencia de la fuerza laboral, gracias a cuyo trabajo mal remunerado han amasado algunas de las mayores fortunas del continente. Sumado a ello, su indiferencia hacia las graves consecuencias de sus industrias extractivas y cultivos extensivos, que han destruido por completo algunos de los más importantes ecosistemas de la región, denota una absoluta falta de sentido común.

En otras palabras: la combinación de gobiernos corruptos y empresariados miopes da como resultado el suicidio lento de naciones ricas en potencia, pero miserablemente administradas por castas fincadas por siglos en los poderes de esos Estados. A ello se suma una clase media con afanes aspiracionales y bajo la ilusión de pertenecer al sector privilegiado aun cuando lo sirven por migajas. Este colchón poblacional –entre los ricos muy ricos y los pobres muy pobres- se conforma mientras no haya síntomas de colapso y reeligen, una y otra vez, a sus mismos representantes políticos. Quizá sea ahí en donde se necesita empezar a reconstruir la autoestima de estas naciones castigadas por siglos.

La codicia es capaz de anular la inteligencia y el sentido común.

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La trata: un pingüe negocio

El silencio alrededor de los crímenes contra la niñez evidencia complicidad institucional.

Las macabras historias de los “hogares seguros” en donde van a parar niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad revelan hasta dónde son capaces de operar las organizaciones criminales y cómo la sociedad calla y tolera. Estas aberraciones suceden no solo en Guatemala, Argentina o Chile; también en países más desarrollados en donde los derechos de la niñez pasan por debajo de la vista pública y se violan sin control alguno. Las víctimas, al pertenecer a los sectores más débiles de la población –NNA pobres, abandonados y sometidos a la autoridad de otros- no poseen la menor credibilidad frente a los sistemas de justicia.

Esto fortalece a las redes de trata de personas en sus distintas modalidades en un sistema cuya principal característica es la discriminación contra los sectores más pobres, las mujeres y los menores de edad. Es decir, grupos poblacionales cuyos derechos no son ejercidos libremente, sino dependen de quienes ostentan el poder en un escenario de machismo y patriarcado. ¿Qué ha sucedido con las denuncias recurrentes de la periodista Mariela Castañón en Guatemala sobre las fuertes sospechas de la existencia de redes de trata en los hogares seguros de ese país? Nada. Los entes de investigación, callan. El gobierno, sobre cuyos integrantes flotan sospechas de abuso sexual y violaciones, calla. Y la ciudadanía insiste en condenar a las víctimas con su actitud atávica de desprecio por su condición de marginadas, porque en su visión de las cosas nada es más despreciable que un ser humano débil e impotente.

Las acusaciones crueles e injustas contra las niñas violadas y quemadas en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción hablan por sí solas. Se las etiquetó como prostitutas y delincuentes por el simple hecho de haber ido a caer en un sistema de abuso, tortura y muerte. Las razones por las cuales habían sido institucionalizadas no fueron analizadas ni comprendidas por una mayoría urbana siempre presta a condenar a sus semejantes a partir de rumores y apariencias, dando mayor crédito a los victimarios que a las víctimas.  

Arriesgar la vida frente a organizaciones criminales tan poderosas es una apuesta valiente de los pocos periodistas que se han dado a la tarea de investigar. Los tentáculos de estas redes se fincan con fuerza no solo en entidades gubernamentales y cuerpos de seguridad particulares y oficiales, también se garantizan impunidad gracias al poder de sus clientes. Es decir, de no emprenderse una campaña de fondo para erradicarlas, lo natural será su consolidación porque el dinero que fluye del negocio de la trata constituye un instrumento poderoso para romper obstáculos en todos los frentes, incluido el sistema de justicia, por lo cual las denuncias quedan en legajos muertos acumulando polvo.

Uno de los síntomas más preocupantes del poder del negocio de la trata es la recurrencia de desapariciones de niñas, niños y adolescentes de todas las edades, especialmente en nuestro continente. Son miles de seres indefensos cuya ausencia detona alertas pero de quienes, a pesar de las denuncias, nunca se vuelve a saber. Sin embargo, innumerables prostíbulos que ofrecen servicios sexuales de menores gozan de la protección de la policía y otros funcionarios, quienes aprovechan ese recurso de enriquecimiento ilícito cerrando los ojos a una realidad aberrante. Es imperativo comprender en dónde reside el origen de esta monstruosa maquinaria y comenzar a construir sociedades cuya principal prioridad sea la protección de la niñez. La vida de estos seres vulnerables no es una moneda de intercambio sino la base de una sociedad funcional, justa e integradora. Una sociedad menos sentenciosa y mucho más empática.

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Una apuesta audaz: Invierno… o las 10 formas de sentir frío

Muchas veces consideramos normal rechazar lo nuevo, desechando con ese gesto conservador la apertura hacia sensaciones y conocimientos que podrían echar por tierra algunos de nuestros más arraigados conceptos.

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Por eso me ha parecido tan valiosa la apuesta del Laboratorio de Danza Contemporánea perteneciente a la Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca. Tienes sobre un escenario desnudo y austero a un grupo numeroso de bailarines estáticos. Nadie se mueve, excepto una de ellas. Esperas a ver qué sucede, y nada. Pero a medida que se va desarrollando en una línea de tiempo impredecible, comienzas a percibir, a comprender y a sentir.

No hay posturas clásicas, únicamente cuerpos en una dinámica progresiva, una línea musical que los acompaña y una voz que aporta una textura auditiva distinta. Un espectáculo capaz de escarbar en nuestro concepto de la danza como una de las bellas formas de arte y romper el marco conceptual de la armonía, la forma y el uso de las técnicas a las cuales estamos acostumbrados. A la danza le sucede lo mismo que a la música; nos quedamos en el clasicismo más ortodoxo porque es el que encaja con nuestra percepción de la belleza y no vamos más allá en la exploración de lo nuevo, en la creación de otras formas, otros estilos y otros lenguajes. Por eso esta propuesta es importante.

La audaz coreografía de Ernesto Ortiz Mosquera en su creación Invierno, basada en uno de los cuatro conciertos de Las Cuatro Estaciones, de Antonio Vivaldi –El Invierno, con sus 3 movimientos- ofreció, en sus primeras dos presentaciones, un espectáculo cuya complejidad y armonía escénica representaron un reto interesante para un público poco acostumbrado a los desafíos. La música, parte fundamental de todo el conjunto, fue interpretada por el Ensamble de Música Contemporánea de la Orquesta Sinfónica de Cuenca. Respecto de lo anterior, es importante subrayar que la resistencia hacia las nuevas propuestas no se reduce al público de Cuenca, Santiago de Chile, Bogotá o al de América Latina en general; la visión conservadora también corre por las butacas europeas o asiáticas, porque lo nuevo siempre constituye un esfuerzo; una ruptura de códigos estéticos sólidamente instalados en nuestra forma de percibir el arte.

A propósito de esta especie de tendencia a lo archiconocido, el musicólogo español Miguel Ángel Marín publicó un estudio que lo demuestra. De un lapso de 5 años y 5 mil conciertos celebrados por diferentes instituciones en 283 ciudades de todo el mundo, constató que el 20 por ciento de la programación se concentra en apenas seis compositores: Beethoven, Schubert, Mozart, Brahms, Bach y Debussy. De este círculo privilegiado ninguno de ellos nació siquiera durante el siglo pasado. Es decir, el público aún responde al más puro clasicismo y los compositores modernos deben serles impuestos para darlos a conocer. Algo así sucede con la danza, con la plástica y con toda expresión que escape de nuestro concepto de “lo que debe ser”.

Ernesto Ortiz es un coreógrafo con más de 30 años de experiencia en el ámbito de la danza y desde 2014 está a cargo del Laboratorio Permanente de Técnicas Contemporáneas de Danza y Composición coreográfica. De hecho, esta unidad académica fue creada en esa fecha y la mayoría de los intérpretes de Invierno han sido o son actualmente sus alumnos. Es decir, además de lo novedoso de la propuesta, el riesgo era mayor por depender de las técnicas y habilidades de un grupo joven e inexperto.

Quise saber más y me senté a conversar con Ernesto Ortiz. Sobre la metodología utilizada en la selección de los bailarines, explica:

  • “El entrenamiento es sumamente importante. Es un entrenamiento que no busca “formatear” los cuerpos de una manera específica, no busca construir una sola estética corporal sino más bien intenta aprovechar la diversidad de cada cuerpo para potenciar las capacidades de cada quien. Además, en el proceso de formación hemos tenido la colaboración de maestros que han venido de otros lugares a dar técnicas de creación y de danza contemporánea, de modo que el Laboratorio se ha convertido en un espacio importante para confrontar el trabajo creativo con la rutina de las clases y la parte académica de la carrera. El perfil que buscamos no es de experto en danza ni en teatro, sino de creador escénico, un profesional capaz de alimentarse de ambas disciplinas para escoger de ellas las herramientas que necesita para crear.”

Ustedes, como creadores, han desafiado los cánones tradicionales de la percepción de la danza, ¿cómo ha sido esa experiencia con creaciones anteriores?

-“En mi experiencia como creador, desde el momento en el cual propongo un lenguaje diferente al formato conocido en donde la lectura está previamente dada, el público debe hacer su propia lectura y eso significa sacarlo de su lugar cómodo de espectador en la oscuridad de la sala. El problema se plantea cuando creas, porque la obra tiene que funcionar dentro de ese espacio como una unidad, de otro modo comunicará menos y perderás la atención de la audiencia. Entonces el artista que ofrece una dramaturgia expandida como ésta, tiene el compromiso de hacer funcionar esa maquinaria conceptual para evitar la desconexión con el espectador.”

Quizá lo más importante en el trabajo del Laboratorio de Danza Contemporánea sea el desarrollo creativo con miras a ampliar las perspectivas estéticas de la sociedad a la cual pertenece. Sus propuestas novedosas y de algún modo transgresoras de lo convencional irán permeando en el público, alimentando de ese modo la libertad creativa y las posibilidades futuras para la proyección del arte nacional hacia los grandes escenarios del mundo. Esperamos que así sea.

 

ERNESTO ORTIZ

Ernesto Ortiz

Ernesto Ortiz es bailarín, coreógrafo y crítico de danza. Su obra ha sido de gran influencia en la escena dancística ecuatoriana desde hace varios años. Tiene a su haber más de cuarenta creaciones escénicas y varios premios. Dos libros en los que reflexiona sobre el proceso creativo y sobre la relación entre danza y filosofía, además de su Maestría en Estudios del Arte, lo avalan como un artista que integra la práctica con el pensamiento, articulada y conscientemente.

Ha colaborado como coreógrafo residente e invitado en instituciones del nivel de la Universidad de Harvard (2005), la Universidad de Vassar (2005) y la Universidad de Illinois (2007).

Así mismo ha desarrollado su trabajo en medios impresos, nacionales y extranjeros, tales como Mundo Diners, Conjunto (Casa de las Américas), El Búho, El Sótano, El Apuntador –entre otras-, especializándose en la crítica de artes escénicas.

Actualmente, Ortiz es miembro del Consejo Editorial de la Revista “El Apuntador” y maestro titular de la Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca, en las cátedras de Composición y Técnica Contemporánea, Crítica de la escena e Historia  de la danza, dirige el Laboratorio Permanente de Danza y Composición Coreográfica, miembro del Consejo Editorial de la Facultad y co-director del Proyecto de Investigación Artística “Teoría de la forma: estrategias artísticas y teóricas para la superación del canon posmoderno”.

*Para mayor información: ernestortiz.weebly.com

Publicado por El Mercurio https://ww2.elmercurio.com.ec/2018/07/30/una-apuesta-audaz-invierno/

 

Porque te temo, te ataco

El recrudecimiento de violencia contra las mujeres no es más que una señal de temor

Mujeres apuñaladas en Chile en plena vía pública por exigir el respeto de sus derechos reproductivos; mujeres agredidas en Argentina, en medio de su exigencia por el derecho al aborto; mujeres lapidadas en los países musulmanes por demandar la libertad individual que les ha sido negada por mandato religioso; mujeres en Centro América asesinadas por protestar contra la destrucción de su hábitat, contra la corrupción gubernamental, contra el abuso de los dueños del capital; monjas de distintas congregaciones denunciando violaciones sexuales perpetradas por jerarcas de la iglesia católica. Mujeres, todas ellas, enfrentadas a un inmenso poder patriarcal cuya fuerza sanciona cada uno de sus pasos y se apodera de sus derechos para someterlas a una esclavitud naturalizada por las sociedades a las cuales pertenecen.

La ola feminista se erige como una demanda universal por la recuperación de la dignidad y la independencia de la mitad de la población mundial. A estas alturas de la historia, es imperativo comprender sus alcances y su lógica, abandonando los estereotipos tendentes a descalificar sus métodos y objetivos. Algunos escasos focos de equidad en países desarrollados o en comunidades incontaminadas por las ideologías externas representan un ejemplo de cómo las naciones se fortalecen cuando todos sus integrantes alcanzan un estatus similar en cuanto a derechos y respeto por su integridad. Sin embargo, lo prevalente –como comportamiento humano- es la represión de las libertades para el sector femenino, transformada en un mecanismo de defensa y una manifestación de temor del sector masculino ante la posibilidad de verse obligado a compartir cuotas de poder en todos los ámbitos de la vida ciudadana.

Esta lucha –cuyos alcances políticos, económicos y sociales constituyen una verdadera revolución- se ha intensificado de manera rotunda en los últimos años, rompiendo diques y dejando clara la voluntad de las mujeres de no dejarse avasallar; de romper los mecanismos de sometimiento; de batallar contra las injusticias de jueces y magistrados en casos probados de abuso sexual y crímenes en su contra; en fin, de poner un coto definitivo a un sistema que las ha doblegado durante siglos. El momento actual se define con mayor claridad: los asesinatos de mujeres y los ataques contra sus manifestaciones públicas de rechazo al sistema expresan, más que odio, un temor profundo de quienes detentan el poder. Al enfrentar la posibilidad de ser relegados a una posición de igualdad a la cual no están acostumbrados y consideran ofensiva hacia su posición de superioridad en todos los órdenes de la vida, rechazan de manera enfática y con lujo de violencia cualquier intento de cambio.

Los derechos de las mujeres, consignados en las cartas fundamentales de las naciones y en innumerables documentos firmados y ratificados por la mayoría de países, comenzarán a dejar de ser letra muerta para convertirse paulatinamente en realidades concretas. Las nuevas generaciones de hombres y mujeres tienen mucho más claro el panorama y eso representa uno de los grandes avances de la lucha feminista. Su concepto de la igualdad de derechos y obligaciones, la perspectiva de género en sus diversas manifestaciones y el rechazo a la imposición de un sexo por sobre el otro ya forman parte de una perspectiva distinta de las relaciones humanas. Solo falta el salto generacional de sistemas jurídicos de orden patriarcal y de quienes los administran, para que el paso hacia una justicia con enfoque de género se imponga y derrote los estereotipos imperantes en las cortes, despachos oficiales y millones de hogares.

Hace falta un salto generacional en los sistemas actuales de justicia.

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Cuando habla el pueblo

La represión contra los manifestantes nicaragüenses es señal inequívoca de pérdida de control político.

Más de 300 muertos y alrededor de 2 mil heridos ha dejado hasta la fecha la represión en las jornadas de protesta en Nicaragua. Esto refleja la profunda crisis de autoridad del gobierno de Daniel Ortega –el líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional quien derrocó al dictador Anastasio Somoza hace ya 39 años- y marca la necesidad urgente de un cambio en el escenario político de ese país hacia un ambiente de diálogo y consenso, un umbral que ya parece difícil alcanzar. El perfil de las víctimas de la represión habla por sí solo: son jóvenes estudiantes, sacerdotes, niños, adolescentes, hombres, mujeres y personas mayores cuyo único delito es salir a las calles a manifestar su repudio contra el gobierno y sus políticas. Los ataques, de una violencia extrema, han sucedido en distintas localidades de ese país, protagonizados tanto por la Policía Nacional como por grupos parapoliciales.

La comunidad internacional ha expresado un blando repudio por los operativos del gobierno sandinista y a través de sus distintos organismos exige el respeto de los derechos humanos y el cese de la represión. Pero en el conflicto nicaragüense hay mucho más que dos bandos en pugna: existen intereses geopolíticos de enorme poder por parte de Estados Unidos, cuya influencia en la región resulta incuestionable y cuyas tácticas de intervención son ya ampliamente conocidas. Este factor es una de las razones por las cuales algunas organizaciones políticas de izquierda persisten en su apoyo al régimen, amparándose en un discurso desactualizado y rotundamente antiimperialista  cuyos argumentos de corte ideológico no logran justificar la gran debacle gubernamental ni sus acciones represivas.

Es imposible pasar por alto un hecho trascendental en esta lucha desigual: la fuerza y el valor de los nicaragüenses, quienes exponen su vida por defender sus derechos ante un sistema corrupto que ha traicionado los ideales que dieron origen a su plataforma de gobierno. Algo que comenzó con una simple protesta por las reformas a la seguridad social decantó en la exigencia de la renuncia de Daniel Ortega y su equipo de gobierno, saliéndose de los cauces pacíficos para desembocar en un enfrentamiento directo cuyas imágenes abundan en los medios de comunicación.

Existen denuncias de que en distintas localidades de Nicaragua se han producido arrestos injustificados y sin orden de aprehensión emitida por un juez, ciudadanos secuestrados para desaparecer por días sin dejar rastros, apareciendo luego muertos y torturados; familias completas atacadas en sus viviendas por individuos encapuchados, centros de detención saturados de civiles capturados durante las jornadas de protesta. El cuadro actual de la crisis nicaragüense es demasiado complejo como para explicarlo por medio de fórmulas de ideología política o un posicionamiento de apoyo a un régimen que no ha sabido apegarse a los principios democráticos y a sus promesas de fidelidad a la causa sandinista.

La Nicaragua de hoy va en una vía peligrosa que podría desembocar en una guerra civil, escenario propicio para que agentes internos y externos aprovechen el caos para echar por tierra los avances sociales que se hayan alcanzado durante estas cuatro décadas. Esto hace presumir que de no lograrse un acuerdo satisfactorio en un contexto de paz, la estabilidad de Nicaragua tomará años en recuperarse y tendrá un alto costo en sus perspectivas de desarrollo. Para salir de la crisis, un paso esencial es escuchar a su pueblo y atender sus legítimas demandas, para ello de nada sirven las armas ni la violencia.

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Los pañuelos verdes

Las cifras de niñas embarazadas y mujeres muertas por abortos clandestinos exigen una revisión profunda y urgente de los marcos legales.

Las mujeres argentinas han marcado un hasta aquí en uno de los temas más sensibles y controversiales para las sociedades latinoamericanas: el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo –IVE- impulsado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. El emblema de la organización desde la cual se originó el movimiento hace ya 15 años es un pañuelo verde con una inscripción en blanco que reza “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, poniendo de relieve una de las causas principales de muertes evitables de mujeres en todos los países del continente.

El proyecto de la despenalización del aborto –ya aprobado por la Cámara de Diputados argentina luego de uno de los debates más apasionantes y reñidos de los últimos tiempos- busca despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en las 12 primeras semanas de gestación y más allá de ese plazo cuando la vida de la mujer está en riesgo, cuando es producto de violación o existen malformaciones fetales graves. El debate, ampliamente difundido, estuvo marcado por intervenciones de carácter científico, ético y jurídico de muy alto nivel, lo cual establece una gran diferencia con las posturas de políticos y miembros de instituciones civiles en otros países, en donde los argumentos excluyen el marco de derechos de la mujer en un contexto real de riesgo de vida, desde una perspectiva de salud pública y derechos humanos.

Los derechos de las mujeres en cuanto a sus libertades individuales han estado históricamente restringidos. No solo desde el seno del hogar, en donde experimenta la mayoría de las agresiones y limitaciones a su desarrollo, sino en todos los estamentos de la sociedad a la cual pertenezca, en donde se le exigen ciertas conductas predeterminadas por un sistema machista enfocado en privilegiar las aspiraciones del segmento masculino: virginidad, sumisión, entrega absoluta a un rol diseñado para garantizar la reproducción en un escenario lleno de mecanismos de control.

Una de las amenazas constantes en la vida de niñas y mujeres es la violación sexual, hecho consumado en su mayoría por hombres de la familia o conocidos y en cualquier ambiente de su entorno, provocando no solo embarazos no deseados sino también trauma psicológico permanente y toda clase de obstáculos a su normal desarrollo. En el caso de las niñas y adolescentes, un embarazo significa un elevado riesgo para su vida porque al no haber alcanzado su cuerpo una plena madurez, no está preparado para semejante trastorno físico y emocional. Sin embargo, la mayoría de nuestros países presentan cifras récord de niñas y adolescentes embarazadas sin la menor posibilidad de interrumpir un proceso de gestación provocado por un delito, porque sus legislaciones lo prohíben a partir de consideraciones de carácter religioso.

Uno de los resultados más notables de lo sucedido en Argentina con este colectivo que ha logrado mover a las masas en la exigencia de una apertura legal sobre el tema, es haber dejado establecida la condición laica del Estado en su toma de decisiones en una sociedad integrada por personas diversas, cuyos parámetros de vida no responden necesariamente a una visión única a partir de una doctrina religiosa.

La marea verde de las mujeres argentinas ha abierto los espacios de discusión con respeto y la decisión muy saludable de acabar con los mitos y los tabúes sobre la sexualidad femenina, sus derechos reproductivos y su determinación de no volver a cerrar esas compuertas. El diálogo con respeto pero, sobre todo, el diálogo informado, es la tarea pendiente para otros países de nuestro continente.

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