Como rueda de molino

La catarsis a través de las redes no sirve para combatir la corrupción.

Dar vueltas y vueltas a los argumentos de siempre por medio de plataformas mediáticas y redes sociales, es una táctica muy básica para calmar la ansiedad y tranquilizar la conciencia ante la inacción y la aceptación tácita de un estado de cosas inconcebible -por viciado y criminal- en donde la impunidad prevalece a pesar de los pesares. Está bien aplaudir cada intervención de don Iván Velásquez, el Comisionado de la Cicig cuyas apariciones provocan gran expectación. Sin embargo lo que no está bien es observar sus denuncias desde la posición de espectador de una obra ajena, algo a lo cual no se le debe participación alguna, una obra cuyo desenlace corresponde al trabajo de otros, al interés de otros, al riesgo de otros.

Ante el desfile interminable de nombres de empresas e individuos cuya participación en escandalosos actos ilegales, cuya envergadura ha llegado al extremo de poner al Estado en peligro de colapso, da la impresión de observar un organismo vivo invadido por la metástasis y sin perspectivas de sobrevivencia. Algunos son individuos poderosos, miembros de familias acaudaladas pertenecientes a la “alta sociedad” guatemalteca, reputada por su habilidad para incidir en el rumbo de la política gracias a sus generosos aportes financieros durante las campañas. Otros pertenecen a la casta de los recién llegados, cuya habilidad para saquear los fondos públicos ha sido amparada por un sistema diseñado a propósito para garantizar la impunidad.

Mientras tanto, quienes trabajan para acabar con esta monumental obra de relojería construida para el goce de unos pocos, lo hacen en solitario y luchando contra toda clase de corrientes subterráneas de sobornos, amenazas y resquicios legales cada vez más descarados y perversos. Son como el burro empujando la rueda del molino; no logran avanzar porque una y otra vez regresan al punto de partida en su esfuerzo por hacer el quite a las trampas y a los innumerables recursos diseñados ad hoc para inmovilizar los casos y entorpecer las investigaciones.

Del mismo modo como sucede con los casos emblemáticos de corrupción y saqueo de los fondos públicos, sucede con otros miles de casos entrampados en los tribunales gracias a un sistema podrido cuyo objetivo es claro y preciso: nunca lograr una sentencia, jamás permitir el imperio de la justicia. El eterno juego de los abogados corruptos acostumbrados a manejar la ley a partir de sus vacíos y de las oportunidades creadas para evadirla. Por ello, si a pesar del poderoso tinglado construido para hacer frente a los escándalos de corrupción resulta casi imposible avanzar, hay que imaginar qué sucede cuando un ciudadano entre millones plantea una denuncia de cuyo resultado depende su integridad, sus bienes y su vida. Nada. El expediente, si al final de mucho logra avanzar, es archivado durante años hasta que el denunciante desista por cansancio, aumentando así su ya firme convicción de que en el país no hay justicia.

Hay que soltar al pobre burro de la rueda y dejar su camino libre para reconstruir un sistema caracterizado por ser paralizante y anquilosado. Es imprescindible la depuración del ejercicio profesional para arrojar luz sobre los rincones oscuros, allí en donde se cuecen los negocios sucios, para construir una nueva plataforma de confianza y ética que garantice una administración de justicia transparente para toda la ciudadanía y no solo para unos pocos. Un sistema capaz de dar esperanza de cambio y eficacia para un país en profunda crisis y con un débil y tambaleante estado de Derecho.

La justicia bien administrada no debería ser un sueño inalcanzable, sino el objetivo real de la ciudadanía.

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Las chicas malas del Hogar Seguro

Cualquier cosa se puede decir. Lo que no se dice es el porqué de la marginación.

Las hipótesis más descabelladas de labios de las autoridades echan raíces profundas en el imaginario colectivo, vale decir en la muy voluble y bien ponderada “opinión pública”. Esto sucede con las niñas quemadas en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, dependencia estatal de acogida a niñas, niños y adolescentes con problemas de asistencia y resguardo. Este Hogar está a escasos kilómetros de la capital de Guatemala y hace 4 meses fue el escenario de un horrendo acontecimiento dejando a más de 40 niñas convertidas en cenizas, otras mutiladas, otras embarazadas por violación, todas con su vida destrozada para siempre. Como en toda tragedia inexplicable, se suele aprovechar el poder -en cualquiera de sus formas- para cambiar versiones, descalificar a las víctimas y reducir el impacto negativo de las malas decisiones emanadas por quienes lo detentan. Así ha sido a lo largo de la Historia y así continuará siendo.

Para quienes ven al toro desde la barrera resulta casi gratificante aceptar las versiones oficiales, dado que ello los exime de asumir posiciones incómodas. Si las chicas eran mal portadas entonces el desarrollo de los acontecimientos era inevitable. Mal portadas significa rebeldes, ariscas, soeces, desafiantes. Mal portadas, ingratas y violentas al negarse a aceptar su situación y pretender cambiar las cosas. Mal portadas al estilo de las novelas de Charles Dickens, mal portadas bajo los códigos de una sociedad tan indiferente a su condición como lo ha sido con respecto a su destino. En fin, esas chicas malas se lo labraron solas.

La otra cara del asunto es el escenario completo. Es decir, ¿qué llevó a esas criaturas que al nacer eran unos angelitos caídos del cielo a transformarse, supuestamente, en producto desechable? ¿En qué momento se produjo la metamorfosis, si es que realmente hubo alguna y no estamos simplemente asumiendo lo que no es? Al buscar respuestas estas convergen en las carencias de siempre, producto de la infame manipulación de la riqueza para acrecentar los capitales de unos pocos para privar a todos los demás de las oportunidades de desarrollo que han generado con su trabajo mal pagado, todo ello coronado por la indetenible corrupción de las clases política y económica.

En ese cuadro de costumbre campea a sus anchas el crimen organizado, el cual ha invadido todos los espacios y se ha beneficiado largamente de la inercia del Estado y la ciudadanía. Esas niñas malas, quienes de acuerdo con la voz oficial estaban bajo cuidado de psicólogos y personal especializado en cuidado de niñas, niños y adolescentes, no supieron agradecer tanto beneficio y se amotinaron en un acto de inconcebible rebeldía. Por supuesto, no se dice que entre ese personal especializado había ex militares entrenados, había quienes aprovechaban su poder absoluto para abusar a su antojo de las niñas malas y nadie en ese antro de horror era capaz de sentir la menor empatía por esos seres tristes y abandonados a una suerte macabra.

El período de la adolescencia no es fácil. No lo es para las niñas y niños nacidos en un ambiente apropiado, mucho menos para quienes fueron a parar a las zonas marginales en un hogar desintegrado y con todas las carencias del catálogo. No existe un solo ser humano capaz de conformarse con la miseria sin rebelarse contra su suerte. No existe tampoco uno que acepte la violencia como forma de vida sin intentar escapar de ella.

La pretensión de acusar a las niñas de mentirosas, afirmar que sus violaciones y embarazos son imaginarios, negar la existencia de las redes de trata es abusar de la paciencia de quienes poseen un mínimo de sentido común y algo de capacidad de raciocinio. Esas niñas no nacieron para ser un producto gratuito para el comercio sexual, todas ellas tienen derechos y es obligación de la ciudadanía exigir que sean respetados.

No existe un ser humano capaz de conformarse con la miseria y la violencia sin intentar salir de ella.

Elquintopatio@gmail.com

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Otro libro, otra ventana

Un libro puede abrirte el universo y darte una plataforma para elevar el vuelo.

Cada vez que abro un nuevo libro siento esa emoción tan particular que precede a lo desconocido. Conozco la sensación desde niña, cuando tomaba un volumen de la colección Zigzag y me iba a refugiar bajo el hueco de la escalera para leer sin que nadie me estorbara. Ahí desfilaban los grandes maestros de las letras y aunque yo no entendía las complejas divagaciones de esos increíbles escritores rusos, alemanes, latinoamericanos o de lugares remotos que ya no recuerdo, caía bajo el influjo inevitable de ese desfile de seres imaginarios en escenarios fantásticos.

Libros, muchos libros han enmarcado mis espacios desde entonces. Están en todos lados como un acompañante indispensable siempre dispuesto a abrir sus páginas para retomar su vida y compartirla conmigo. Por eso comprendo los esfuerzos de los editores guatemaltecos por afianzar desde hace ya 17 años uno de las pocos escenarios de convergencia para quienes escriben, producen, leen y creen en la literatura como fuente de saber, de crecimiento y desarrollo para las sociedades. La Feria Internacional del Libro en Guatemala es un sitio de encuentro fundamental y merece todo el apoyo de la ciudadanía porque solo una sociedad informada, educada y abierta al saber, es capaz de transcender y evolucionar.

Filgua ha dedicado sus programas de actividades a toda clase de público. Sin embargo, ha cargado su acento en la niñez guatemalteca, uno de los sectores más abandonados no solo en cuanto al goce de sus derechos, al acceso a la educación y a una niñez protegida, sino también a la diversión sana y constructiva. Cada año, esta Feria brinda amplios espacios para intercambio con escritores de distintos países del mundo y una agenda diversa gracias a la cual es posible tener acceso a un mundo literario rico en novedades y pródigo en ofertas.

En su presentación, los organizadores afirman que “desde su origen, Filgua ha sido un espacio en el que se combinan la exhibición y venta de libros con un extenso y amplio programa de actividades culturales dedicadas al esparcimiento, la educación, la capacitación continua de profesionales del mundo del libro y la promoción de la lectura.” Y así ha sido. Por los salones de la feria desfilan la curiosidad, el interés y el saber en proporciones iguales. Y al final, cuando cierra sus puertas y se despide hasta el año próximo, queda el eco de muchas voces y la satisfacción de la labor cumplida.

Guatemala necesita desesperadamente afianzar estas actividades cuyo objetivo es echar raíces culturales en una sociedad carente de espacios propicios para ello.

Filgua es una oportunidad para crecer y divertirse en familia. El jueves 13 de julio abrirá sus puertas y durante 10 días la población tendrá este refugio de amistad y convivencia para todas las edades. Esta Feria es organizada por la Gremial de Editores y la Asociación Gremial de Editores de Guatemala, más un aporte financiero del Estado por medio del ministerio de Cultura y Deportes. El trabajo y esfuerzo de estas organizaciones ha mostrado cada año mejores resultados y un creciente interés de la población por aprovechar su oferta cultural. Esto se ha traducido en mayores demandas de espacios para exhibición y venta de libros con ofertas cada vez más tentadoras para el público. Entre las novedades para esta edición 2017 de Filgua, habrá eventos de homenaje a Miguel Ángel Asturias, por el cincuentenario de su Premio Nóbel y otras muchas actividades cuyo centro esencial es la promoción de la lectura y del intercambio productivo de experiencias entre los principales protagonistas de la ocasión: los autores y sus lectores. Filgua te espera.

Si tomas un libro y comienzas a leer, una ventana se abre para poner a volar tu imaginación.

@carvasar

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Marielos y los dinosaurios

No es un regreso a los años 70. En realidad, nunca fueron plenamente superados.

Las estrategias de intimidación contra quienes trabajan por avances tan importantes como el establecimiento de un mejor sistema de justicia y contra la impunidad, nunca han desaparecido. Todo lo contrario, parecen intensificarse a medida que comienzan a verse los primeros resultados del esfuerzo de la población civil por defender sus derechos por medio de acciones concretas. Por una razón lógica derivada de su influencia, algunas de las víctimas favoritas de tales campañas son los miembros de la prensa nacional, con especial énfasis en quienes no se dejan corromper.

A ese honorable grupo de colegas pertenece Marielos Monzón, cuya trayectoria ha destacado por su valentía y una incansable búsqueda de la verdad. Por eso mismo, ha sido objeto privilegiado de quienes desean –y necesitan- callarla por medio de amenazas directas o veladas, incluyendo su nombre en listados de supuestos enemigos políticos, acusándola de hechos criminales cometidos cuando ella era apenas una niña que comenzaba a vivir, todo ello por esa inveterada incapacidad de jugar limpio, característica fundamental de estos grupos extremistas.

Aun cuando quisiéramos pensar en las amenazas políticas como cosas del pasado, la realidad nos demuestra lo contrario. Los dinosaurios existen. Excepto el de Augusto Monterroso, los demás nunca se fueron. Ahí se quedaron agazapados rumiando su fracaso político y añorando los tiempos aquellos cuando la abominable organización criminal de la “mano blanca” gobernaba desde las alturas del poder. Hoy ni siquiera plantean propuestas racionales sino simplemente destilan odio y resentimiento por los juicios contra algunos de los suyos por crímenes tan espeluznantes como genocidio, desapariciones forzadas y masacres en denuncias bien fundamentadas con pruebas concretas. Eso no lo van a perdonar y lo demuestran amenazando a una mujer dedicada al análisis, la denuncia y a practicar un periodismo basado en la ética y la verdad.

La solidaridad con Marielos no es un gesto de empatía personal -aunque la aprecio y respeto como profesional y como mujer íntegra- sino un acto de supervivencia gremial. En pleno siglo veintiuno, superada la frontera de la pacificación después de 36 años de conflicto bélico entre hermanos y en plena construcción de un estado de Derecho, es inaceptable esa agresión cuya finalidad es acallar a la prensa. Marielos es integrante de un gremio cuya existencia misma constituye un peligro para aquellos sectores cuya intención es volver a reinar con sus métodos represivos y dictatoriales. Pero además de Marielos, hay muchas mujeres y hombres comprometidos con un periodismo limpio y transparente, cuyos nombres podrían, eventualmente, aparecer en esos listados de muerte.

Marielos Monzón acudirá a la Fiscalía de Delitos contra Periodistas a depositar su denuncia y esperamos que esa dependencia actúe con celeridad y eficacia para identificar a los responsables de las amenazas contra su integridad. Lo hace no solo por seguir un protocolo institucional definido por las normas legales, sino por hacer visible un hecho repudiable cuyas consecuencias trascienden con mucho su situación personal para afectar a toda la comunidad periodística, cuya labor está consignada entre los derechos humanos fundamentales de una sociedad democrática.

La libertad de expresión figura entre los derechos amenazados por estos grupos clandestinos cuyo poder económico les permite disponer de muy variados mecanismos de intimidación contra quienes piensan diferente. Es deber de la ciudadanía demostrarles que esos tiempos ya pasaron a la historia.

Por carecer de razones recurren a intimidación, amenaza o eliminación de quienes piensan distinto.

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@carvasar

 

 

Ni con agua bendita se quitan las manchas

Solo se puede mejorar la imagen gubernamental tomando las decisiones correctas.

La campaña de imagen contratada por el gobierno de Guatemala a una empresa extranjera es, en realidad, una medida desesperada para manejar la grave crisis de credibilidad de la actual administración. En apariencia, se trata de una estrategia para consolidar lazos entre el gobierno y las instancias legislativas estadounidenses, además de maquillar la desteñida imagen oficial, pero revela de manera tajante la incapacidad del equipo diplomático para cumplir con los requisitos mínimos exigidos para desempeñar tan importantes cargos, como es la consolidación de las relaciones con otros Estados sobre la base de un mejor posicionamiento del país en el plano internacional y un conocimiento profundo de los atajos para conseguirlo.

En realidad, lo que se ha contratado es una “diplomacia paralela” en manos de personas ajenas a los intereses nacionales, quienes ofrecen sus servicios con el único objetivo de aprovechar las debilidades de un gobierno extranjero para conseguir un jugoso beneficio económico.

De quién haya surgido la idea de gastar –porque no es inversión- más de 14 millones de quetzales en semejante iniciativa, no ha sido revelado. Sin embargo, dado que el mandatario prefiere rodearse de representantes del sector privado incluso para asistir a eventos internacionales de enorme relevancia estratégica y diplomática, es de suponer la influencia de los empresarios en este generoso derroche de recursos del Estado. Pero, ¿cuál es el interés de intentar lo imposible? Una hipótesis es la necesidad de mejorar la imagen desgastada de un gobierno desorientado y poco transparente, quizá para reforzar el andamiaje que le permita llegar hasta el final mientras en el trayecto se filtran proyectos de privatización de servicios públicos, como por ejemplo la salud, a espaldas del pueblo.

Un operativo ambicioso y de dudoso resultado como una campaña de imagen con intenciones de arrojar un poco de neblina hacia el verdadero estado del Estado, solo muestra una peligrosa debilidad institucional y escasa visión respecto de la ruta más indicada para reparar la desviación experimentada por las propuestas de campaña y las políticas públicas en sectores fundamentales como salud, educación, seguridad y vivienda.

La población sabe bien cuánta mentira hay en las propuestas que llevan a un candidato a la primera magistratura de la nación. A cualquiera de ellos, como ha sido obvio a lo largo de los años. Sin embargo, toda iniciativa ciudadana para cambiar las reglas del juego en los estamentos electorales y de partidos políticos se ha estrellado estrepitosamente contra el muro legislativo de los beneficiados con las actuales leyes, lo cual ha impedido el acceso de mujeres y pueblos originarios a espacios de decisión que les atañen directamente, por ejemplo en donde se bloquean las leyes de paridad e inclusión, así como las políticas públicas en educación y salud sexual y reproductiva, ambas de enorme impacto para la población.

Ante el estado de la nación, no hay jabón suficientemente efectivo para remover las manchas profundas de la corrupción, la incapacidad administrativa y el clientelismo. Es imposible restituir algo tan delicado y frágil como la confianza ciudadana con un contrato que únicamente beneficia a una empresa extranjera cuya magia tiene sus límites. Ni siquiera bañándose en agua bendita lograrían los burócratas y dignatarios en el poder, sacar a relucir brillos que no poseen, menos aún si su interés está evidentemente dirigido a blindarse contra la fiscalización ciudadana y garantizarse las ganancias más abundantes que les sea posible obtener antes del fin de su mandato.

Las deficiencias en el manejo de la cosa pública no desaparecen con una campaña de imagen.

Elquintopatio@gmail

@carvasar

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La plaza y los dineros malgastados

La inmensa riqueza de Guatemala desaparece como agua por la alcantarilla.

La semana pasada estuvo tormentosa. No solo por los aguaceros de la temporada sino por la abundancia de sucesos de impacto como la solicitud de extradición de la ex vice presidenta, la interminable cadena de asesinatos cuya constante ha llegado a anestesiar nuestra sensibilidad al punto de formar parte de la rutina, decomisos de droga y destrucción de enormes plantíos de amapola en el contexto de un estado de sitio.

A lo anterior se sumó la iniciativa de los diputados de aumentar sus ingresos decidiendo por sí y ante sí –con el aval otorgado por su situación de legisladores- un privilegio más y, por tanto, una mancha adicional en su ya lamentable trayectoria. Pero ante esta última afrenta contra el pueblo de Guatemala no hubo siquiera intento de plaza. Esas reacciones ciudadanas tan admirables del 2015 estuvieron ausentes, calladas como la tumba misma de la democracia y, a pesar de los esfuerzos de pequeños grupos de ciudadanos conscientes y preocupados por la apatía del resto, nada parece sugerir un nuevo despertar.

La mayoría de integrantes del Congreso de la República son resultado de movidas opacas en las filas de los partidos políticos. Parientes y amigos sin la menor experiencia ni capacidad profesional son piezas insertas en los listados de candidatos gracias a una ley electoral diseñada para el efecto. Es decir, el mito de la representación ciudadana en la institución más emblemática de una democracia es, en este convulsionado territorio, apenas un mal chiste. En épocas de campaña se suele ver el desfile de amigas y amigos de subordinados del poder –porque la verdad pura y simple es que tampoco lo detentan- con las ínfulas propias de quien no tiene nada que lucir. Entonces los electores se ven enfrentados a una selección realizada totalmente a sus espaldas y con la cual deberán sobrevivir los siguientes cuatro años, si bien les va.

Pero el mayor de los problemas viene cuando estas personas toman decisiones definitivas. Es decir, sus firmas sobre un documento oficial sellan el destino de un pueblo indefenso y cautivo de los abusos del poder político y económico. Y es aquí en donde se crean las condiciones para desviar la riqueza nacional, cuyo destino justo y necesario es la ejecución correcta de un presupuesto basado en políticas públicas acertadas e incluyentes, en inversión social y en mejorar las condiciones de vida de un país al cual le han robado hasta el concepto de nación.

En Guatemala todo merece una plaza, pero esta permanece vacía. Plaza por las niñas en situación de riesgo, vilmente asesinadas en un hogar seguro administrado por el Estado. Plaza por la ofensa implícita en el incremento salarial auto recetado por los integrantes del Congreso. Plaza por las pésimas condiciones de la red hospitalaria, cuyas instalaciones no han recibido siquiera un retoque, mucho menos insumos ni condiciones dignas de trabajo para su personal. Plaza por los adultos mayores, a quienes se les agrede con pensiones de miseria y discriminación en todos los aspectos de su vida. Plaza por la niñez sometida a las redes de trata, cuyas operaciones son amparadas por un sistema permeado por organizaciones criminales. Plaza por los privilegios empresariales concedidos a fuerza de sobornos y presiones ocultas. Plaza por las niñas, adolescentes y mujeres violadas y asesinadas. Plaza por la infancia desnutrida.

Los recursos de un país pertenecen a su gente, ese axioma no aplica cuando está administrado bajo un sistema lleno de resquicios legales por donde se cuelan las malversaciones, las concesiones arbitrarias y los contratos oscuros. Para arrojar luz en esos rincones es preciso realizar cambios de fondo. Y plazas, muchas plazas.

La plaza permanece vacía, aun cuando existen abundantes motivos para rebasar sus límites.

Elquintopatio@gmail.

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@carvasar

El privilegio de vivir

Rodeados de maldad y violencia, quisiéramos refugiarnos en el limbo del no saber.

Más de una vez me han criticado por exhibir y denunciar la violencia en mis redes sociales y más de una vez he visto cómo el afán de no saber, modera y neutraliza el impulso natural de las personas sumergiéndolas en una aceptación muda de lo inaceptable, en un silencio ominoso capaz de sepultar su instinto de supervivencia como si el horror del crimen impune fuera una maldición inevitable, impuesta por alguna fuerza superior.

La exhibición de la realidad no es el juego irresponsable de periodistas y comunicadores sensacionalistas. Cuando ponemos la violencia frente a la sociedad –esa que nos acecha a cualquier hora del día sin haber mediado provocación alguna- es para poner el tema en el tapete, esculcarlo y desmenuzar sus diversas manifestaciones con el fin de despertar la conciencia ciudadana y sacudir esa manera tan particular de evadir el bulto a la que todos nos hemos adaptado.

La necesidad de aislarnos del entorno para encontrar un pequeño espacio de felicidad y realización personal no nos excusa de nuestra responsabilidad ciudadana ante la catástrofe humanitaria en la cual estamos inmersos, ni nos libera del papel de guardianes de un entorno en constante degradación. Las precarias condiciones de vida de la inmensa mayoría de seres humanos, los menos privilegiados, no responden a un proceso natural condicionado por su capacidad reproductiva como algunos pretenden justificar, sino a estrategias muy bien elaboradas para hacer de esas grandes masas un recurso de mano de obra barata incapacitada para rebelarse y exigir derechos.

En nuestro planeta nada ha sido casual ni producto de procesos naturales. Pequeños círculos de poder político y financiero han provocado las peores catástrofes ambientales de manera intencional con el único fin de aumentar su riqueza, llevando a regiones enteras a un estado irreversible de degradación, matando toda posibilidad de renovación en enormes territorios explotados hasta el límite con el propósito de extraer sus tesoros.

La maquinaria financiera mundial se ha blindado de tal modo que sus instituciones se han vuelto intocables y manejan el poder de llevar a la quiebra o empeñar los recursos de las naciones más débiles con un simple acuerdo, una sanción, una deuda impaga. Esa estructura perversa se consolida en el tiempo quitándole la sangre y las oportunidades a los sectores más desprotegidos a nivel global, propiciando conflictos bélicos sobre pretextos inexistentes o basados en más explotación, más riqueza para sus arcas, más proliferación de armas en manos de dictadores amparados por el gran capital.

Si tuviéramos la voluntad de abrir los ojos y ver, se produciría un cambio de perspectiva desde el ámbito personal con el potencial de sacar de su modorra a una ciudadanía capaz de promover una transformación de la polaridad y un retorno al camino de la democracia. Estamos rodeados de secretos de Estado, del ocultamiento de asuntos de interés público y de mentiras oficiales; pero no hay un contrapeso ciudadano capaz de romper esa distorsionada forma de ejercer el poder. Esto sucede porque no queremos saber para tener la libertad de disfrutar una realidad propia, íntima y ferozmente resguardada. No importa si afuera de ese ámbito personal se viola, se asesina y se acaba con los sueños de otros menos afortunados.

El privilegio de vivir no es gratuito, estamos encadenados a un sistema y ese sistema está integrado por otros como nosotros, con sueños similares y similares formas de concretarlos. Esa es una razón poderosa para unir esfuerzos y visión de futuro; para derribar los muros que nos separan.

Solo derribando los muros que nos separan podremos retomar el verdadero poder ciudadano.

@Carvasar