Política en las redes

El valor de las redes sociales para difundir mensajes es innegable, pero muchos desperdician el recurso. 

Los comunicadores tenemos en las redes sociales una herramienta valiosa para capturar y difundir información a una velocidad que hace apenas 5 años ni siquiera hubiéramos sospechado. Nuestra profesión nos convierte en uno de los grupos más identificados con este recurso y prueba de ello ha sido la inmediata incorporación de periodistas independientes, agencias de noticias y medios de comunicación a las redes sociales para compartir información con la inmediatez del último minuto.

A pesar del riesgo de asumir la veracidad de la noticia cuando ésta ni siquiera ha sido confirmada, muchos de los usuarios de las redes sociales ya han madurado al punto de transformar estas plataformas en foros de debate ideológico, cultural y social derribando de manera automática las barreras de la distancia física gracias a la proximidad virtual. Dado este brinco de popularidad de Facebook, Twitter, blogs y otros sistemas de intercambio de información en sectores muy diversos, muchos políticos locales han decidido subirse a estas plataformas para explotarlas de acuerdo a su muy particular visión de lo que les conviene desde el punto de vista proselitista.

Entonces, de un tiempo a esta parte, se ha visto a diputados, líderes partidistas y últimamente a “candidatos a candidato” de toda clase de grupos y tendencias sumergidos a tiempo completo en las discusiones y metiendo su nariz en las páginas de quienes consideran un buen auditorio. Entre ellos –y ellas- algunos han captado de manera magistral la esencia del sistema para acercarse de manera más directa a sus electores o a sus representados. Pero hay otros –y otras- cuyo vacío conceptual e ideológico les impide ir más allá de enviar mensajitos superficiales con una buena onda de nivel escolar que preocupa por su mediocridad en alguien que pretende postularse a un cargo de elección popular.

Meterse en las redes sociales para escribir sandeces es un deporte que sólo pueden practicar quienes no tienen compromiso alguno con la historia. Aquellos ciudadanos libres de opinar como les de la gana porque no les importa un comino la opinión ajena y ejercitan su libertad de expresión con el humor o la vulgaridad que les otorgue su nivel intelectual o su estado de ánimo.

Pero un político en funciones o con aspiraciones electorales debería cuidar su imagen con una acuciosidad delirante, porque cualquier resbalón quedará rondando ad aeternum por el universo virtual y nada podrá borrarlo. En el actual panorama político de Guatemala, lo menos que se espera de ellos es una actitud propositiva, un discurso inteligente, articulado con coherencia y buena ortografía, y un análisis profundo de la situación del país. En fin, seguiremos esperando a que aparezca.

26.02.2011

Educación y alimento

La niñez guatemalteca no es tan exigente. Con que les alimenten el cuerpo y la mente, son felices. 

Si esa mayoría de diputados señalados por corruptos e ineficientes tuviera un atisbo de inteligencia y sensibilidad social, se darían cuenta de las ventajas implícitas en adoptar una actitud más abierta y empática hacia los problemas fundamentales del pueblo y cuán fácil podría ser aminorar algunos de ellos con sólo acudir a las sesiones, participar en las discusiones, analizar las propuestas y votar.

Diversas instituciones han coincidido al señalar que se aproxima una crisis alimentaria más aguda que todas las anteriores. También existe la certeza de que los reportes oficiales de niñas y niños con desnutrición crónica y aguda son inexactos y que otros datos muestran con mayor crudeza el nivel de abandono de estos sectores, sobre todo en el interior del país y entre la población indígena. Sin embargo, tanto en el Congreso de la República como en los despachos ministeriales parece haber un pacto de silencio y un acuerdo tácito de centrarse en las negociaciones relacionadas con el proceso electoral.

Nunca como hoy las escuelas estuvieron tan ruinosas y abandonadas. La educación no es prioridad para nadie, lo cual se comprueba fácilmente al visitar los establecimientos educativos del sector público, donde los servicios más fundamentales, como instalaciones sanitarias y agua potable, son un lujo desconocido. Y para qué hablar de refacción escolar.

Estos factores serán determinantes en el futuro de la niñez guatemalteca, tanto como la falta de alimentos durante sus primeros cinco años de vida. Su cerebro no va a desarrollarse a plenitud, su cuerpo llevará el estigma de la pobreza y tendrá todas las patologías asociadas a una alimentación deficiente, su vida social estará limitada a un entorno degradante y amenazador para su integridad, en fin, será un paria en su propio territorio por decisión de quienes podrían haber marcado la diferencia con sólo poner atención a lo prioritario y dejar por un lado sus intereses personales.

Guatemala es un país que ha llegado al extremo de avergonzar a sus habitantes. Se habla de Guatemala por los crímenes de extrema violencia y sadismo; se menciona al país por ser territorio narco; salta a las primeras páginas por los inconcebibles niveles de corrupción de sus autoridades; por tener a ex presidentes y ministros encarcelados por ladrones; por haber descendido a lo más bajo de las categorías en indicadores de desarrollo; por no tener –ni sus autoridades ni sus ciudadanos más influyentes- concepto alguno de lo que significa la visión de nación.

La niñez se cobrará la deuda histórica de sus políticos y de sus sectores de poder económico. Algún día sus padres comprenderán cómo fueron atrapados en la mentira del juego político, pero entonces no habrá manera de reparar el daño causado.

21.02.2011

Disciplina castrense

Es importante poner atención en los detalles. De ellos se puede deducir parte del futuro. 

La situación de inestabilidad, inseguridad ciudadana y la falta de políticas públicas para la prevención del delito han sido el perfecto caldo de cultivo para reforzar el mensaje de mano dura de algunos partidos, así como el de ciertos personajes públicos que pretenden alcanzar el poder presidencial prometiendo orden y disciplina.

Para ellos, nada mejor que el actual ambiente de violencia porque les resulta más fácil convencer a la ciudadanía de la conveniencia de sentar en el sillón a un presidente duro, autoritario, inclemente; es decir, un Ubico actualizado.

Este mensaje implícito en las campañas anticipadas explican en parte el éxito de la movilización de las huestes del partido Patriota el domingo pasado en Mundo E, donde de acuerdo con las cifras de la dirigencia de esa agrupación se concentraron nada menos que 55 mil partidarios de la emblemática mano empuñada, todos puntuales, todos vistiendo la camisa anaranjada y todos cuadrados con su líder.

En otros sectores del espectro político, esta demostración de fuerza y disciplina debería ser un llamado de alerta para hacerlos reaccionar a tiempo. La historia ha demostrado –aquí y en todos los países en los cuales ha triunfado el miedo- que una decisión electoral no debe responder a las circunstancias del momento, sino a programas de mayor trascendencia para el futuro de la nación.

Si los electores creen que con represión y fuerza se va a neutralizar el crítico ambiente de anarquía actual, se equivocan rotundamente. La violencia criminal que azota a Guatemala tiene sus orígenes en la impunidad y ésta se ampara en la corrupción, el clientelismo y la carencia de valores de sus cuadros empresariales y políticos. El negocio está precisamente en la compra de voluntades a nivel institucional y no hay mejor ejemplo que la venalidad de algunos representantes del Congreso de la República, muchos alcaldes y ciertos integrantes del sistema judicial y las cortes.

En todas esas instituciones es patente la falta de voluntad para recuperar la dignidad del Estado, porque a una buena parte de sus miembros les conviene más tener un Estado a su servicio que uno digno y recto. Pero tampoco hay que caer en el juego de creer que habrá un súper héroe capaz de acabar con el crimen haciendo letra muerta de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Lo que necesita el país es un gobierno auténticamente proyectado hacia el futuro, un equipo de visionarios capaz de entender la importancia estratégica de la nutrición durante los primeros 5 años de vida para tener un capital humano viable; gobernantes cuya lucidez para invertir en educación se traduzca en una sociedad física, mental y psicológicamente saludable. La respuesta, por lo tanto, no está en los esquemas castrenses dentro del ámbito político.

19.02.2011

El testigo de cargo

Muchos asesinatos se cometen contra posibles testigos de actos criminales, pero nunca se sabe si queda otro. 

Hay una cierta forma de justicia misteriosa e inexplicable. Se revela por medio de actos de excepcional coraje realizados por personas que prefieren arriesgar su vida en aras de lo correcto, de lo que debe ser, antes de permitir el triunfo de la impunidad. Estas rara avis de la especie humana marcan la diferencia entre lo común y lo extraordinario, entre la preeminencia del yo y la difícil elección del nosotros.

En Guatemala han sido las voces no silenciadas de unos pocos testigos de cargo las que han permitido avanzar en el esclarecimiento de casos de alto impacto, en los cuales el involucramiento de redes criminales -infiltradas en círculos de poder aparentemente inexpugnables- representaba una garantía de impunidad. Este punto de ruptura, indetectable a veces y siempre ubicuo, puede encontrarse en el eslabón más débil de la cadena y en algunos casos en personas aparentemente inofensivas.

Sin embargo, el sistema actual de justicia no parece apreciar en toda su dimensión la importancia de proteger a estos elementos cuya existencia constituye una carta de triunfo para la aplicación de la ley de manera pronta y cumplida. El sistema de protección de testigos es uno de los lados más débil en este poliedro formado por los distintos pasos a seguir en la investigación criminal. Los testigos de cargo suelen desaparecer de manera violenta y entonces los casos se caen por falta de evidencias, ante el estupor de una ciudadanía incapaz de comprender tanta ineptitud.

Las fallas del sistema de investigación criminal y administración de justicia son múltiples y graves, pero entre las más perjudiciales está la falta de recursos para la investigación de los casos, la etapa más critica de los procesos. Esta pobreza de medios es provocada en parte por la irresponsabilidad del sector político, el cual ha instrumentalizado a la violencia como recurso de propaganda electoral, usando a la población como carne de cañón en la persecusión de sus propios fines y, en parte, por la actitud pasiva de una ciudadanía incapaz de protestar.

Todo esto hace pensar en el riesgo de que un día los testigos clave se cansen de testificar y su valentía se disipe en una nube de escepticismo al no encontrar eco en quienes deben protegerlos para garantizar su seguridad, ante la amenaza de ser borrados del mapa. En otras palabras, si en Guatemala no se atiende a esta deficiencia de manera urgente, está muy cercana la posibilidad de que la justicia pierda esa palanca irreemplazable de la declaración jurada de quien presenció el crimen, de quien posee documentos incriminatorios, de quien es capaz de jugarse el todo por el todo por la sola satisfacción de ser testigo de un acto de verdadera justicia.

14.02.2011

El faraón

La caída de Mubarak se produjo gracias a la resistencia popular, pero con ayuda exterior. 

La cadena de sucesos en la plaza Tahrir fue seguida con avidez por el mundo entero. En algunos países primer mundistas, con una actitud ambivalente por ser Mubarak uno de sus aliados incondicionales. Y en países del tercer mundo en situaciones similares de miseria y explotación como las padecidas por el pueblo egipcio, con una sensación de catarsis al ver cómo una sociedad entera se impuso para exigir la salida del dictador.

La victoria de los egipcios al derrocar a Mubarak es, sin embargo, apenas el principio de una serie de cambios sobre los cuales el pueblo tendrá poco o ningún control. El ejército asume el mando en medio de la euforia, pero hay todo un sistema blindado de leyes y estructuras de poder construido durante treinta años, el cual será muy difícil desensamblar sin ocasionar graves problemas a la gobernabilidad de ese país.

Esto sucede cada vez que cae un tirano y se instala un gobierno de transición. Nadie sabe con certeza cuál será la dirección a seguir aún cuando las intenciones de quien lo sucede en el poder vayan en la dirección correcta. En el caso de Egipto, queda en manos de un ejército que ha demostrado una total ambigüedad entre su respaldo al mandatario depuesto y su tolerancia frente a las protestas callejeras. El futuro próximo, por lo tanto, es incierto y sólo se conocerán las primeras disposiciones del nuevo gobierno en cuanto se calmen los ánimos y la gente vuelva a sus casas.

Los sucesos recientes en el país más poblado del mundo árabe también llaman a reflexionar sobre el impacto de las redes sociales en el desarrollo de los eventos. En el caso que ocupa la atención mundial, las redes sociales fueron el instrumento de comunicación por excelencia, aún cuando el gobierno de Mubarak intentó por todos los medios bloquear cuanto sistema de información pudiera servir a la causa popular.

Facebook y Twitter estuvieron copados por los mensajes emitidos desde la plaza Tahrir –hoy plaza de la Liberación-, tanto por las cadenas noticiosas como por ciudadanos comunes que sólo deseaban difundir la noticia con la esperanza de despertar la solidaridad de otros pueblos, en otras latitudes.

El enfriamiento natural de los ánimos después de un sitio tan prolongado como traumático traerá un careo con la dura realidad de la política y será entonces cuando se comiencen a vislumbrar los intentos de las potencias desarrolladas por mantener su posición hegemónica ante las nuevas autoridades. Será cuando las redes de corrupción y nepotismo traten de conservar sus privilegios comprando voluntades recién estrenadas pero también será cuando el pueblo elija entre construir un Estado moderno y democrático o sentar en el trono a un nuevo faraón.

11.02.2011

Correlación de fuerzas

No hay que ser un genio para saber que quien tiene el dinero, tiene el poder. 

Está bien ser ingenuo, pero no hay que abusar. Pedirle al Ministerio Público que funcione con eficiencia y austeridad cuando le están recortando una tajada de 200 millones en su presupuesto es, peor que una burla, una condena a muerte para miles de guatemaltecos enfrentados a una violencia criminal en escalada ascendente.

La falta de presencia institucional del sector justicia en las regiones en donde el narcotráfico, el contrabando y la trata de personas son práctica corriente de diversos grupos –algunos vinculados a los carteles internacionales y otros chapines al ciento por ciento- constituye una amenaza a la vida y la integridad de sus habitantes. Sin embargo, los ríos de dinero del Estado fluyen libremente hacia cuentas indetectables a través de contratos dudosos y plazas fantasma.

Mientras esto sucede con el Ministerio Público, el cual apenas tiene presencia nacional con 34 fiscalías mal equipadas y peor protegidas, los recursos para propaganda gubernamental llegan hasta el último de los 333 municipios del país en vallas, repartición de regalos identificados con el logotipo del partido oficial y prebendas especiales para quienes apoyen el continuismo sin hacer preguntas.

Es verdaderamente repugnante la falta de visión del sector político. Aún cuando no hubiera suficientes fondos en las arcas del Estado para erigir un sistema de investigación criminal y una administración de justicia blindados, a prueba de chantajes y corrupción, nadie puede negar que eso sería más que posible con el dinero y los bienes de todo tipo confiscados en los decomisos de droga.

Guatemala es gobernada de manera empírica y orientada hacia el aprovechamiento de la oportunidad de enriquecimiento que brinda una estructura diseñada por políticos venales. No existe siquiera el concepto de visión de país –suficiente prueba hay en el estado de la infraestructura educativa y de salud- y tampoco hay una lista de prioridades en la cual aparezca siquiera el bienestar colectivo. Todo se reduce, como se puede ver en esta sucia campaña electoral anticipada, al beneficio de quien abusa más del caos general.

En estos días, los diputados han demostrado con total desfachatez su falta de conciencia y de patriotismo al usar como palanca de negociación la supervivencia de cientos de enfermos de VIH/sida, negándose a aprobar una donación del Fondo Mundial destinada a la compra de retrovirales y tramientos contra la malaria y la tuberculosis.

Mientras los gatos se pelean los privilegios, las organizaciones criminales aprovechan el descuido y se fortifican, se apoderan de porciones importantes del territorio nacional, trazan sus bien pensadas estrategias para instalarse en gobernaciones y alcaldías, solazándose con la visión de su triunfo fácil y su actuar impune.

07.02.2011

El rey soy yo

La mayoría de las dictaduras empiezan con pretensiones de respeto a la democracia.

La ruptura entre democracia y dictadura es, muchas veces, un proceso gradual mediante el cual los gobernantes amarran cabos, blindan instituciones, corrompen a las asambleas legislativas y consolidan sus redes de nepotismo, corrupción y clientelismo, todo esto antes de que el pueblo reaccione intentando defenestrarlos.

La tolerancia al abuso, sin embargo, es como una masa elástica cuyo punto de ruptura podría estar demasiado lejos, con peligrosas consecuencias para el equilibrio social y económico de las naciones.

Treinta años de corrupción, abuso, manipulación de las instituciones fundamentales del sistema democrático e infiltración de grupos de poder en todas las instancias de decisión horadan los fundamentos mismos de las libertades ciudadanas. Cuando esto sucede en un marco de irrespeto a los derechos humanos, cuando el trabajo legislativo es un circo de repartición de privilegios, negociaciones ilegítimas y manoseo del poder, la democracia es un mito y la justicia, una burla.

De nada sirven las convenciones internacionales cuando el poder se corrompe al punto de llevar a la ciudadanía a salir a las calles para exigir cambios de fondo en las políticas públicas y el relevo de los principales cuadros de gobierno. Los derechos humanos también se negocian en esas instancias mundiales, llegando a extremos tan degradantes como peligrosos para el equilibrio global, como sucede con el silencio cómplice de ciertos organismos ante el genocidio por motivos étnicos o religiosos o la imposición de intereses empresariales de las potencias económicas en los países en desarrollo.

En la mayoría de naciones, una falla en los sistemas de protección a la democracia reside en el excesivo poder de ciertos órganos del Estado, cuyo espacio legal les permite bloquear los espacios de participación de la población en la toma de decisiones, mediante la creación de obstáculos muchas veces contrarios a sus mandatos constitucionales.

En este escenario es fácil, entonces, el surgimiento de pequeños tiranos agazapados tras una careta de legitimidad, quienes prometen la aplicación de la fuerza para lograr el orden y luego se convierten en dictadores. La fuerza en medio de situaciones caóticas resulta a veces atractiva para una masa humana desesperada por cambios de fondo, pero también representa un peligroso retroceso a su aspiración de construir una nación con un estado de Derecho sólido y una justa distribución de la riqueza.

Las pretensiones de poder absoluto en las esferas politicas no son cosa del pasado y amenazan aún a las sociedades permisivas, hasta que éstas tocan fondo en su caída y se rebelan contra las injusticias y los abusos, arriesgando su vida.

Por si las dudas, me refiero a Egipto.

05.02.2011

Cien millones

La propaganda oficial no tiene lugar entre las prioridades del presupuesto de gastos.

El presidente Colom necesita que le canten alabanzas. Para eso gastó casi 150 millones de quetzales el año pasado y quiere por lo menos 100 para 2011, porque según su secretario de comunicación “tienen la obligación de informar a los guatemaltecos (sic)” sobre cada uno de sus supuestos avances, enfatizando de paso las cualidades de sus potenciales candidatos (o candidatas) a cargos de elección popular.

Ese dinero para alabar al señor Presidente y a su honorable esposa debe ser una parte de los 200 millones que le recortaron al Ministerio Público con respecto al presupuesto del año anterior. Como Guatemala está en jauja y su sistema de investigación y administración de justicia no necesita nada más que el aire de las montañas para funcionar como un reloj suizo, quizás el mandatario haya considerado fútil concederle los fondos requeridos por la Fiscal General para echar a andar las dependencias mínimas necesarias en el interior del país y contratar investigadores para los miles de casos acumulados.

Otro de los sectores que nada en la abundancia es el de la educación, con sus escuelas cinco estrellas en las cuales ni siquiera hay letrinas. Pero ahí tampoco se requiere mayor atención y mucho menos dinero del Estado, porque probablemente los niños y niñas que acuden a ellas ni siquiera terminarán el ciclo escolar. O los hospitales, cuyos magníficos edificios –carentes de mantenimiento, de camas, de personal, de ropa, de medicinas y de servicios básicos- albergan la miseria humana en su máxima expresión. Tampoco ellos merecen esa limosna.

El cacareo de las obras públicas no es necesario. De hecho, es inmoral hacer tanto ruido por un trabajo mal hecho y a medias, porque constituye un engaño a la población que vive de manera precaria esquivando asaltantes, estirando los pocos quetzales con que sobrevive el mes y pagando las consecuencias de la campante corrupción tolerada y consentida por el propio gobierno.

Si todavía les queda algo de sentido común –la decencia es un lujo en los ámbitos políticos- entreguen esos 100 millones para que sean invertidos en algo necesario y, si después de ese acto de generosidad se entusiasman con la idea de trabajar en la solución de alguno de los múltiples problemas graves que enfrenta este país, entonces de una vez tomen la decisión y eliminen esa secretaría de comunicación con todo y secretario para destinar esos fondos a una causa verdaderamente útil.

La propaganda oficial en año de elecciones es, además, una espada de doble filo. Para hacerla creíble se necesitaría de algún súper genio de la creatividad y eso es demasiado caro, por lo cual esos 100 millones van a despilfarrarse en vano.

31.01.2011

¿Democracia o dictadura?

El actual clima de violencia provoca pensamientos y deseos peligrosos.

La presentación de resultados del estudio realizado por la Corporación Latinobarómetro, arroja luz sobre aspectos muy relevantes de la vida de los 18 países latinoamericanos representados en la muestra y permite un vistazo a las principales fortalezas y debilidades de la realidad política, económica y social de estas naciones.

En lo que toca a Guatemala, el Latinobarómetro viene a ser como un espejo de aumento sobre cuya superficie resaltan aquellos rasgos prominentes de la nueva idiosincracia chapina, surgida como consecuencia de los largos años de conflicto armado, del predominio militar en sus estructuras institucionales y políticas, así como de la influencia del sector empresarial en los asuntos de Estado.

Uno de los puntos del informe muestra una aparente contradicción entre las demandas populares por la aplicación de mano dura en el control de la delincuencia –argumento utilizado por ciertos grupos para instaurar regímenes dictatoriales- y su evidente deseo de consolidar la democracia como sistema político. El desarrollo de este punto, efectuado por la socióloga Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, explica de manera contundente que, a partir del análisis de los indicadores, está clara la aspiración genuina por sistemas democráticos sólidos aún cuando la credibilidad de las instituciones garantes de dicho sistema –partidos políticos, congreso, sistema judicial- muestre una gran debilidad.

Esto genera un clima de incertidumbre que deriva hacia actitudes más proclives a la represión –como la demanda de mayor presencia policial en las calles- dejando en segundo plano soluciones de fondo a problemas estructurales, como por ejemplo la falta de acceso a la educación, en circunstancias que Guatemala es uno de los países con expectativas más bajas respecto al futuro de sus hijos.

El informe merece un estudio a fondo, algo imposible en un espacio editorial tan reducido como éste, pero sobre todo exige la atención de todos los entes involucrados en el proceso de consolidación de la democracia y, muy específicamente, en aquellas instancias políticas responsables por el debilitamiento de las instituciones que conforman la base del sistema.

Las consecuencias de las gestiones gubernamentales de los últimos decenios con su cauda de corrupción, clientelismo, ineficiencia, permisividad, impunidad y la innegable infiltración del crimen organizado en las estructuras del Estado, resultan obvias. El informe refleja la decadencia moral de una sociedad a horcajadas entre la aceptación del delito como forma de vida y la conciencia de su obligación de ejercer una ciudadanía responsable para la rehabilitación de la democracia. Vale la pena leerlo.

29.01.2011

Arte para todos

El arte es un espacio común, un vehículo de comunicación sin fronteras ni prejuicios.

Una ciudad es el espacio vital de muchas personas. Es en donde transcurre lo más trascendente de la existencia del individuo urbano, es el marco que rodea sus momentos, es la base que sustenta sus sueños, ambiciones, esfuerzos y donde finalmente toma forma su vida. Quizás por ello la ciudad debe –y, de hecho, lo hace- reflejar la esencia de sus habitantes, como un espejo mágico sobre cuya luna aparece todo aquello que nos condiciona y nos hace ser como somos.

Guatemala es, en muchos sentidos, el reflejo de esa decadencia. Sus grandes monumentos sufren de una desnutrición similar a la de los niños del campo. Se caen a pedazos hasta que aparece algún ciudadano capaz de mover la conciencia de quienes aún aprecian la belleza, y lo rescatan del olvido. Sus calles históricas asemejan una dentadura llena de agujeros, cuyos espacios vacíos fueron un día bellas construcciones, convertidas hoy en patios de estacionamiento.

¿Parques? No hay. Es una ciudad sin plazas arboladas, sin pulmones verdes para filtrar el aire enrarecido por la falta de regulaciones vehiculares y por el abuso de la actividad industrial sin normas de protección ambiental. En medio de esta tristeza gris y maloliente en la cual se ha transformado la “tacita de plata” existen, sin embargo, algunas señales promisorias que permiten soñar con la recuperación de tantas décadas de abandono.

Una de ellas es la presencia creciente de arte en las calles. Obras arquitectónicas de enome valor estético, pero también obra escultórica cuya repentina instalación provoca un rotundo cambio en el entorno citadino, actuando como un elemento de ruptura en un paisaje urbano deteriorado y caótico.

En otras épocas, gracias a guatemaltecos visionarios y con un claro concepto de la trascendencia del arte urbano, las obras de importantes artistas plásticos se integraron a grandes edificios públicos –como en el Centro Cívico y la Biblioteca Nacional- enriqueciendo así no sólo la infraestructura institucional sino además el acervo cultural de la población, cuyo contacto con estas manifestaciones estéticas constituyeron tema de análisis, orgullo y una mejor comprensión del arte.

La total ausencia de apoyo al arte y la cultura por parte de los gobiernos, aún cuando constituye un freno al desarrollo de este sector, afortunadamente no ha asesinado del todo el deseo y la necesidad vital de vivir en contacto con la belleza. Sin embargo, urge un cambio de actitud, es imperativo un proceso inverso para tomar conciencia de que, sin arte, un pueblo muere espiritualmente y se convierte en lo que casi es: una sociedad violenta, agresiva, temerosa y enfocada en el hoy porque no sabe si habrá un mañana.

24.01.2011

De vallas y muppies

El mercadeo político es una cosa y violar la ley es otra: interesante ángulo de análisis.

Candidatos, pre candidatos, aspirantes a pre candidaturas y toda clase de personajes –incapaces, obviamente, de moderar su necesidad de protagonismo- saturan desde hace meses la disponibilidad de muppies y vallas panorámicas en todo el país. Los mensajes son de lo más variado: desde una propuesta extraída de la doctrina fascista hasta la promesa de un futuro mejor basado en la paz y la armonía, en ellas se encuentra de todo como si la política fuera un mercado de baratijas.

Algo que no se han puesto a pensar todos estos candidatos (y candidatas) al estrellato político es que al burlar la ley y hacer campaña anticipada están revelando su verdadera naturaleza y su flaco sentido de la ética. Si para hacerse imagen ¡y ni siquiera como candidatos oficiales! son capaces de desafiar al Tribunal Supremo Electoral y reírse de las normas impuestas por esa entidad, revelan cuán poco les importa el imperio de la ley y el respeto a la institucionalidad.

Entonces, si así actúan en su calidad de pre candidatos, ¿qué se puede esperar de sus acciones cuando ya estén montados en las alturas del poder? Muy fácil: lo mismo de siempre. Abuso de autoridad, desprecio por las normas jurídicas, irrespeto por la independencia de poderes y la misma clase de actitudes prepotentes y autoritarias de las cuales la ciudadanía ha tenido suficiente.

El desprecio por las reglas del juego es una práctica común entre los políticos. Sin embargo, llama la atención su falta de estrategia y la manera burda de comportarse en su afán por alcanzar el favor de los electores. En esta carrera, se revelan de cuerpo entero en su intención de barrer, literalmente, con todos sus adversarios, monopolizando cuanto recurso propagandístico se les ponga al alcance. Millones de quetzales circulan actualmente en un despliegue del cual resulta difícil sustraerse por lo abrumador de su presencia. Y esto, sólo en las vísperas. Será muy interesante observar lo que sucederá en cuanto baje la bandera y se inicie la carrera con la bendición del TSE.

Los acuerdos entre partidos, en este contexto, no prometen tener bases sólidas. En vista de estos prolegómenos se presume que la batalla será campal y sin heridos. Si los millones fluyen de manera tan abierta en los simples preparativos de la fiesta, sin duda en los próximos meses Guatemala verá correr torrentes de dinero de cuyo origen nadie podrá dar fe.

A estas alturas, el mayor de los peligros es la impotencia de la ciudadanía que ve surgir rostros, nombres, símbolos y promesas de personajes cuyo tránsito por cargos públicos no ha dejado buenos recuerdos o que, en el mejor de los casos, no ha dejado recuerdo alguno.

22.01.2011

¿Amas de casa?

Cabeza o señora de la casa o familia. Criada principal de una casa (DRAE)

Detesto las ambigüedades porque representan una forma de expresión hipócrita y de doble sentido. Ocultan las verdaderas intenciones y pretenden ser el lenguaje políticamente correcto, la fórmula obligatoria de las comunidades humanas civilizadas. El uso cotidiano de algunas de estas fórmulas institucionalizan los estereotipos al punto de convertirlos en verdades absolutas que no ameritan revisión alguna. Esto sucede con la denominación “ama de casa”, tan común que casi ni reparamos en ella.

Esto me ha venido rondando la mente desde hace mucho tiempo, porque constituye una simplificación casi despectiva del complejo trabajo y la enorme responsabilidad de las mujeres que dedican su vida a administrar el hogar y educar a sus hijos. Esta manera de encasillar a la mujer en una frase que no describe prácticamente nada e incluso se usa como sinónimo de “sin profesión” o “desempleada” pasa por un rasero el amplio cúmulo de especialidades desarrolladas por las mujeres en el desempeño de una de las labores más delicadas y trascendentales en la construcción de una sociedad funcional.

El verdadero título de lo que comúnmente llamamos ama de casa debería ser administradora del hogar. Y una buena administradora del hogar tiene, entre sus múltiples habilidades, una experiencia demostrada en economía doméstica, puericultura, psicología, resolución de conflictos, manejo del estrés, nutrición, medicina, carpintería y el conocimiento suficiente de ciencias políticas, matemáticas, lenguaje e historia como para asistir a sus hijos en las tareas escolares.

¿Alguien opina que el tema es irrelevante? Pues no lo es. El aporte de las mujeres desde su posición no remunerada en el hogar tiene un impacto real en la economía de los países, en términos del PIB, así como una fuerte repercusión en el desarrollo social de las comunidades, las cuales dependen del cuidado y la formación de los futuros ciudadanos durante sus primeros años de vida.

Relegar a este contingente de trabajadoras incansables a una clasificación ambigua que niega sus méritos es una de las peores características de las sociedades regidas por códigos patriarcales. Tal ha sido la subestimación de este segmento que incluso ellas mismas, ante la pregunta de si trabajan, dicen: “no, soy ama de casa” aceptando de manera tácita la minusvaloración de su gran esfuerzo.

Una de las conquistas políticas más elevantes de la administración presidencial de Michelle Bachelet en Chile fue el reconocimiento económico del trabajo doméstico de las mujeres dedicadas a la administración del hogar. Este fue un hito histórico que, por supuesto, tardará muchos años en replicarse en otros países de la región. Sin embargo, es un paso importante hacia la construcción de una sociedad equitativa, más justa y humana, todo lo que se requiere para consolidar la democracia.

17.01.2011

Furia

Una sociedad desquiciada necesita tratamiento de shock para curar sus patologías.

Me sucedió a mí. Llenaba tranquilamente el tanque de mi automóvil en una gasolinera de la zona 1 y mientras el encargado del servicio revisaba la presión de mis neumáticos, otro carro se detuvo atrás del mío a esperar su turno. Me llamó la atención que no se moviera cuando el otro lado del andén quedó libre, pero no le dí mayor importancia. Cuando me tocó pagar la cuenta, el conductor del otro automóvil se me acercó y con una rabia intensa comenzó a insultarme por haber tardado tanto en llenar el tanque y encima pedir que me revisaran la presión de las llantas.

Tanta fue mi sorpresa que no atiné a decir nada. Pero pensé en lo que hubiera sucedido si en lugar de haber cometido el “abuso” de pasar por la gasolinera a aprovisionarme de combustible, por accidente hubiera chocado el carro de este energúmeno. Los encargados no se dieron cuenta del incidente hasta que se los hice ver. No podían creerlo.

Esa es la clase de violencia sorda y contenida de la mayoría de los ciudadanos. Es fácil descargar las frustraciones en otra persona y mejor aún si es una mujer, porque se la considera mucho más inofensiva (craso error) y con menor capacidad de respuesta que si se agrediera a otro hombre. Sin embargo, esa descarga no hace más que elevar el nivel de tensión social configurando una atmósfera de amenaza aún entre personas aparentemente civilizadas.

El hecho de haber experimentado una agresión tan innecesaria como injusta me hizo volver sobre el tema de la violencia intrafamiliar, fuente de la mayor parte de las patologías sociales expresadas a través de incidentes como el que relato hoy. Ese abuso en contra de otros por el solo hecho de existir demuestra que falta mucho aún para reducir los índices de criminalidad y, por ende, las consecuencias que estos actos provocan en la mente y la integridad física de la ciudadanía.

El individuo que me agredió cometió una falta grave. Por supuesto, tengo el suficiente sentido común para poner las cosas en su lugar y no permitir que me afecte un episodio tan absurdo, pero no toda la gente tiene la misma capacidad de raciocinio y quizás con otro protagonista esto hubiera terminado en una batalla a golpes o, en el peor de los casos, con un par de balazos.

Lo cotidiano nos plantea un panorama claro y definido, mostrándonos en toda su dimensión la profunda crisis de valores, la grave desintegración social y la pérdida de control de esta comunidad humana. Si no se comienza a reaccionar para recuperar la cordura y respetar las líneas que demarcan la frontera de lo patológico, no se puede esperar una mejoría para los problemas que la aquejan y, mucho menos, un futuro de paz y democracia.

15.01.2011

El mito de la neutralidad

Ante la proximidad de las elecciones generales, muchos se declaran apolíticos.

Cada vez que se aproxima un evento electoral, salen a flote las actitudes de reserva de una ciudadanía que ya dejó de creer en la política como una actividad constructiva. Desde hace muchos años, el ejercicio político se convirtió en sinónimo de corrupción, latrocinio, abuso de poder, malversación de fondos públicos, impunidad, crimen y mentira. Eso, sumado a la ineludible necesidad de elegir a las autoridades postuladas para los cargos de elección popular, ha transformado este ejercicio cívico en una especie de castigo divino.

La gente no quiere a la política y prefiere declararse “anti”. En un pais que apenas comienza a construir democracia, esta actitud es una amenaza y, en el fondo, un disfraz para el conformismo que se oculta tras esa declaratoria pretendidamente neutral. Al final del día, todos somos políticos y practicamos ese deporte desde el momento que juzgamos el comportamiento de los representantes en el Congreso o elaboramos teorías respecto a las intenciones del presidente o de alguno de sus allegados.

La neutralidad, como se la concibe desde la comodidad del refugio doméstico, es una utopía imposible de alcanzar y, si se profundiza un poco, indeseable por colocar a la persona en una especie de limbo inexistente desde el cual renuncia a su derecho de participar en los asuntos que le atañen de manera directa.

La participación política de los pueblos ha sido la palanca más efectiva para enderezar el rumbo de la administración del gobierno y para corregir los vicios del absolutismo. En una sociedad democrática, la ciudadanía ejerce sus derechos y exige resultados a sus gobernantes. Por lo tanto, hace tanta política desde su reducido espacio de acción como cualquiera de los políticos profesionales que dedican su tiempo a elaborar leyes o a fabricar consensos.

Otra de las herramientas del quehacer político es una institucionalidad sólida de organización popular a través de los partidos. Aún cuando lo político-partidista haya caído en un desprestigio profundo, los partidos continúan siendo la vía de participación democrática más eficiente y estructurada. En el interior de sus organizaciones es donde las personas tienen la posibilidad de democratizar el juego y hacerlas incidir en las decisiones de alto nivel.

Al declararse neutral, el ciudadano prácticamente renuncia a sus derechos y los cede incondicionalmente a quienes tengan voz y voto. En un país en crisis como Guatemala, esto resulta una conducta irresponsable desde todo punto de vista. Así como lo es también conformarse con lo malo para no escoger lo peor. Y ese es el paisaje predominante en vísperas de una campaña que, hasta la fecha, no promete nada bueno.

10.01.2011

Si me denuncias, te mato

La impunidad en los casos de violación, incesto y maltrato, es muestra de misoginia.

No es paranoia. Tampoco es un feminismo histérico ni un delirio de persecución llevado al paroxismo; la misoginia está latente, actuando en todos los ámbitos de esta sociedad y las mujeres continúan siendo el objetivo de una violencia cotidiana que apenas se comienza a clasificar.

Una niña violada es una mujer marcada para siempre con el estigma de la humillación y la condena de una sexualidad atormentada. Es un crimen y no el “error” de algún hombre impulsivo, como se le quiere hacer ver en esta sociedad disfuncional y cargada de prejuicios machistas.

Después del hecho, después del sexo forzado o la golpiza, viene la amenaza. Y miles de mujeres han escuchado esa frase: “si me denuncias, te mato…” y esas mujeres han de haber callado porque conocen la realidad de la vida en un ambiente poco propicio para la justicia, poco amigable con sus tormentos domésticos, en un sistema que insiste en llamarse democrático pero probadamente incapaz de imponer el respeto a los derechos humanos en toda su dimensión, lo cual implica castigar a quienes atenten contra la vida y la integridad de las personas.

A pesar de que en los últimos años el número de denuncias de violación o maltrato han aumentado, el sub registro es un hecho innegable. Si las cifras actuales asustan, las estadísticas reales le pararían el pelo al más indiferente. Mujeres de todos los estratos sociales, desde el más acomodado hasta quienes sobreviven en el rincón más mísero del sector rural, sufren a diario una violencia que han llegado a creer natural, dadas las enseñanzas de una cultura que le da al autoritarismo masculino una legitimidad absoluta.

De ese desprecio por la mujer deriva también la homofobia. Porque la homosexualidad tiene un toque femenino que, de acuerdo con los patrones sociales vigentes, es denigrante y constituye una traición a lo viril. Es como ser negro, revolucionario y agnóstico en un mundo de blancos caucásicos, conservadores y cristianos. Inaceptable.

Muchas de las patologías de la sociedad están vinculadas a la cultura patriarcal, a esa negación de lo femenino que se refleja en la ausencia de mujeres en posiciones de poder, a la tendencia a discriminarlas en los ámbitos laborales y políticos de manera automática, al hecho de exigirles pruebas de capacidad como si por ser del sexo femenino carecieran de algún gen misterioso que aún no tiene nombre.

Ya pasamos a la segunda década del siglo XXI y la mujer guatemalteca sigue padeciendo los males de la Inquisición. Es una vergüenza para esta sociedad que se precia de progresista y democrática. Una vergüenza presente en los hogares acomodados y en los más humildes. Simplemente, una vergüenza.