Hablemos de sexo

 

Hablemos de ese tema oscuro y prohibido que condiciona la vida de los pueblos…

Lo primero que aprende una niña es que de “eso” no se habla. Lo prohíbe la religión, lo prohíben las buenas costumbres, lo prohíbe el patriarcado… porque hablar de sexo no es de gente decente. Si bien le va, quizá no experimente por la fuerza que eso (de lo que no se habla), es una de las formas más violentas de agresión y dominio contra su género.

En países dominados por las instituciones religiosas –como los nuestros- en los cuales no se aprueba una ley sin el filtro de la doctrina, el sexo es una mala palabra y una idea perversa impulsada por instintos demoníacos. Como mejor ejemplo del concepto se ha escogido como símbolo el cuerpo femenino, señalado de ser el súmmum de tentaciones y vicios, la sede misma de la perdición del alma. De allí nace una serie de estereotipos cuyo objetivo es ocultar la verdadera naturaleza de la sexualidad humana y transformarla en un instrumento de control social.

El efecto de esta manipulación ha derivado en una satanización de la vida sexual. Incluso adultos supuestamente libres, independientes y responsables llevan implícitos en su comportamiento los efectos de una educación totalmente distorsionada sobre el tema, la cual se une indisolublemente con la idea de la inferioridad de la mujer estampada en textos sagrados y, por lo tanto, supuestamente indiscutible.

Las agresiones sexuales –y la violación como su expresión de mayor impacto- derivan de esa visión como una forma de someter y humillar. Se practica en el entorno bélico, se perpetra en el hogar, la escuela, la calle, los recintos religiosos y todo lugar en donde supuestamente existe un entorno de seguridad y protección. Es un ataque artero contra la integridad física y emocional de niñas (mujeres en ciernes), niños, adolescentes y adultas, siendo esta especie de karma inevitable la amenaza más real en la vida de toda mujer, como una maldición implícita en su sexo y un temor del cual no se librará jamás.

Por eso resulta incomprensible la resistencia de los sectores políticos a desafiar a quienes se oponen, por razones ajenas al bien común, a establecer como norma obligatoria la educación sobre sexualidad desde la edad más temprana. Educar para vivir en paz, respetar el cuerpo ajeno y el propio, comprender la trascendencia de esta función natural de la vida y tener acceso a los recursos para controlarla, es obligación del Estado con total independencia de credos e ideologías.

Educar y prevenir son herramientas poderosas para comenzar a restañar las heridas provocadas por siglos de prejuicios, ideas erróneas, abuso de mandatos emanados por doctrinas de fe y el imperio de reglas creadas por un sistema patriarcal discriminatorio y cruel. La sociedad debe sacudir sus telarañas de prejuicios y aceptar la realidad: sin educación ni prevención en sexualidad jamás se podrá brindar un entorno de seguridad y oportunidades a millones de niñas y adolescentes cuyo sexo constituye más una amenaza que una bendición.

 

elquintopatio@gmail.com

10 thoughts on “Hablemos de sexo

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  3. Totalmente de acuerdo.
    Soy argentina, crecí en la provincia de Buenos Aires, y en la escuela primaria donde estudié, si bien no tuvimos “Educación Sexual” como una asignatura más del plan de estudios, hubo una vez, en cuarto grado, que nos pasaron un video sobre el tema.
    Fue de dibujos animados y en él aparecían gatos, no seres humanos. Por otro lado, si bien el mismo no tenía una orientación religiosa, explicaba al sexo sólo desde el amor romántico y la procreación (?).
    Ese día todos vimos el video… todos menos dos compañeritos: una niña y un niño, ambos hijos de familias MUY religiosas. Sus cerrados padres se habían negado a firmar la autorización en el cuaderno de comunicados marcando que eso era para perversos, para desvergonzados.
    Aquel día, cuando la película terminó, salimos al patio y ahí estaban ellos, esperándonos. Tenían los ojos bien abiertos y estaban llenos de preguntas. Querían saber qué era eso de la menstruación y el embarazo, qué significaba “anticoncepción”, qué era el óvulo, etc.
    Entonces, solidarizándonos con sus pedidos, empezamos a teorizar y a contradecirnos. “Eso no era” “Era de otra forma” nos decíamos. Luego de ese episodio, quedó bien claro que ninguno había entendido mucho de nada… pero más clarito todavía quedó la necesidad de esos dos niños de ser parte del conocimiento, de no quedar excluidos.
    Hoy día, como educadora, pienso que es importantísimo que se tome el tema con seriedad y que se dicten clases enfocadas a generar conocimientos reales, a despejar dudas valorando la curiosidad de los chicos, no anulándola o penalizándola.
    ¡El conocimiento no puede seguir siendo un privilegio! El conocimiento es un derecho, es poder.

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  4. 1. Desde hace como 50 años yo leí una excelente revista sobre sesualidad (mismo formato de Selecciones) llamada “Luz”. Se conseguía en todos las ventas de revistas. 2. He ejercido la docencia durante casi 50 años y jamás me he encontrado con una institución educativa que prohiba la verdadera educación sexual. 3. Trabajé como Docente voluntario durante 4 años en una Institución de la 9a. Callle, Zona 1. Allí (y sé que ahora hay varias instituciones que realizan la misma labor) nos preparaban objetivamente, sin ningua influencia religiosa, para abordar 4 temas relacionados con el Tema central: la sexualidad. Los centros educativos solicitaban estas charlas pagando una cantidad simbólica. Nos llamaban y, si estábamos disponibles, allá íbamos a todo el departamento de Guatemala. Me encantaría conocer la opinión de estas instituciones. A la que yo me refiero (no digo el nombre por cuestiones comerciales) tiene una de las bibliotecas más completas sobre ese Tema. 4. Estoy interesado en conocer algún texto que me informe sobre cómo era (sin apasionamientos) la educación sexual en América antes de 1492. Gracias.

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    1. Aquí estaba el texto perdido 🙂 Muchas gracias por el comentario. Por lo visto, el tema se ha ido cerrando en el transcurso de los años y en la misma medida que se ha deteriorado la educación.

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