La nueva era

(Publicado el 23/03/2009)

No existe una cifra exacta para determinar cuántas niñas, niños y adolescentes participan en asesinatos y otros delitos.

La niñez es la etapa más peligrosa del desarrollo. Aún cuando la mayoría de niñas y niños nunca han sido seres privilegiados, en la actualidad parecen haber descendido a lo más bajo de la escala de prioridades. Su estado de dependencia los convierte en víctimas ideales de pandilleros y criminales sofisticados, en esclavos de madres y padres violentos o explotadores, en instrumento de manipulación para políticos venales, en argumento dilatorio para gobernantes y en un jugoso bien de intercambio para traficantes.
En estos días se debate un tema trascendental que podría representar un cambio de estatus jurídico para este sector de la población. Están por un lado quienes pretenden tratar como adultos a los menores de edad cuando estén involucrados en delitos graves, y por otro se encuentran quienes propugnan por mantener el sistema actual, el cual los deja al margen de la responsabilidad penal.
El problema no es menor. Muchos niños y adolescentes participan ya activamente en actos de fuerte impacto como asesinatos, extorsiones y trasiego de drogas, lo cual responde a una estrategia muy astuta de las mafias para detener la acción de la justicia, amparándose justamente en la inimputabilidad de niños y adolescentes.
Sin embargo, esta maniobra no sólo impacta en las estadísticas del crimen, sino también y muy fuertemente en las perspectivas de desarrollo de estas nuevas generaciones y, por lógica, en las del país entero.
Ya es grotesca la manera como la niñez convive con la violencia y pierde la sensibilidad ante la muerte. En cada suceso de sangre es normal ver a niñas y niños observando el levantamiento de cadáveres, enterándose de primera mano de los detalles más escabrosos y escuchando a sus padres comentar esta realidad como algo normal. Pero no sólo participan como espectadores, también como víctimas. Las cifras de niñas, niños y adolescentes asesinados a sangre fría empiezan a competir ya con las del femicidio.
¿Qué va a suceder con esta sociedad en las próximas décadas? Una generación familiarizada a tal punto con el crimen y la sangre pierde de manera irreversible la sensibilidad ante el dolor, cualidad que conforma la esencia de lo humano. Esto no está reservado sólo a la niñez pobre. Quienes pertenecen a las clases más acomodadas lo viven también -aunque de manera diferente- rodeados de armas, guardaespaldas, sistemas de seguridad, videojuegos hiperrealistas, violencia en el hogar y experiencias traumáticas.
Estos escenarios definen de manera irreversible un cambio en las reglas del juego social, porque lo que para las generaciones de antes estaba reservado al ámbito de la guerra y las películas de acción, es ahora el ambiente cotidiano de sus descendientes.

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