A la niña en su día

Ante la vulnerabilidad de la niñez, es imperativo actuar.
El Día Internacional de la Niña fue instituido a partir de una realidad concreta: la situación de vulnerabilidad e inequidad de ese enorme contingente humano cuyos derechos y oportunidades de desarrollo son sistemáticamente relegados a segundo plano por razones de género. Muchos —y también muchas— arguyen que la discriminación positiva es tan perjudicial como aquella a la cual intenta atacar. Sin embargo, en el caso de la niña resulta casi imposible hablar de discriminación pura, ya que el marco cultural en el cual se inscribe su existencia ni siquiera le da el espacio inicial para constituirse en una persona con derechos.

Esto significa que la niña viene al mundo en desventaja desde su concepción. Por lo tanto, para establecer cierto equilibrio, es preciso y urgente adoptar medidas correctivas a una cultura patriarcal cuyos patrones han sido consolidados por la costumbre en el seno de las familias, en el ámbito laboral, en la sociedad y en las instituciones cuyas normas sancionan el “deber ser” según el cual la niña debe someterse a la autoridad masculina por el resto de su vida.

La negativa a aceptar esta realidad como verdadera proviene, por lo general, de los ámbitos urbanos. Sin embargo, en Guatemala uno de los cuadros más reveladores de esta frontera impenetrable que separa a la niña del desarrollo humano se encuentra en las poblaciones campesinas e indígenas, en las áreas marginales de las ciudades e incluso en muchos de los hogares de clases socioeconómicas más elevadas, en donde aún se practica una relación de privilegios y autoridades masculinas.

Thelma Aldana, desde la presidencia de la CSJ —una de las instancias tradicionalmente representadas y administradas casi exclusivamente por hombres— luchó para desvanecer prejuicios, romper paradigmas y dejar establecido un sistema capaz de brindar apoyo a la mujer y a la niñez de Guatemala. Hizo lo que jamás antes se vio en ese organismo del Estado: dejar sentadas las bases para una justicia con visión de equidad, crear los juzgados especializados en femicidio y violencia contra la mujer y propiciar un ambiente de seguridad para los jueces que les permita actuar libres de presiones. Su énfasis en la cobertura departamental, allá en donde tanta falta hace la presencia del Estado, es una muestra de su sólida visión de futuro.

Por lo tanto, la acertada decisión del sistema de Naciones Unidas viene a entroncar con un organismo Judicial más permeable a su propia transformación, capaz de aceptar que para las niñas y las mujeres la justicia con equidad es aún una meta por alcanzar.

Esperamos que el doctor Gabriel Medrano acepte y afronte con éxito ese importantísimo reto.A la niña en su día

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