La Patria robada

El patriotismo no solo se siente, también se ejerce.

Nada más oportuno para hablar de Patria –así, con mayúsculas- cuando se ha vivido una etapa cargada de alegrías y frustraciones pero, sobre todo, en la cual ha prevalecido una toma de conciencia colectiva sobre la importancia de asumir un papel activo en el presente y el futuro del país. Septiembre suele ser un mes folclórico lleno de color, aromas, sonidos y por encima de todo ello, una visión distorsionada y superficial del concepto de patriotismo.

La patria, esa palabra tan rimbombante como irrespetada, no reside en símbolos ni ceremonias cuyo origen se ha perdido en la memoria y han sido transformados en rituales vacíos de contenido. Patria es la comprensión profunda de la responsabilidad de cada quien en la construcción de una sociedad incluyente, unida por los mismos ideales, solidaria y vigilante del cumplimiento estricto y justo de sus leyes y postulados.

La patria reside en el hogar y el aula escolar, desde donde se transmite el conocimiento y los valores cívicos de cada generación de ciudadanos. Es en esos ámbitos primordiales en donde se cultiva la identidad de una nación, nutriendo el cuerpo y la mente de la niñez y la juventud, con una visión impregnada de esa mística propia del apego a la tierra en donde se nació, pero partiendo de un sentido de pertenencia responsable y activo.

Por esto resulta pertinente decir que se han robado la patria. Se la llevaron en valijas llenas de dinero a cuentas secretas en los bancos de islas paradisíacas hasta donde no llegan las normas internaciones. Se robaron la patria en groseras evasiones de una riqueza inconmensurable, escatimada a sus auténticos dueños: el pueblo. Se la han llevado para engrosar los bienes de alcaldes y concejales, ministros y secretarios, diputados y magistrados cuyo deber supremo está consignado en una Carta Constitucional, tan traicionada como la patria misma.

Niños y niñas que cantan el himno de memoria con un fervor y una inocencia conmovedores, no comprenden su significado. Si lo comprendieran, llorarían del desencanto y buscarían explicaciones a tan flagrante inconsecuencia. Sus aulas, champas inhabitables, no reflejan ese amor patrio como tampoco lo hacen sus viviendas precarias ni su dieta alimenticia carente de los nutrientes indispensables para garantizarles un desarrollo saludable.

Se roban la patria cada vez que saquean las bodegas de los hospitales nacionales, a donde acuden los más necesitados. Se la roban también cuando aplican la justicia de manera selectiva y brindan un trato privilegiado hacia quienes han destruido la confianza de la población, robándose la patria. La injusticia en el trato según clasificaciones arbitrarias de la sociedad, es una ofensa añadida a la injuria de las privaciones, la discriminación y el racismo perpetrados durante siglos por quienes presumen de ser patriotas.

La patria no es un espacio geográfico ni son los volcanes arrullados por el revoloteo del quetzal sobre un cielo azul. Patria son los seres humanos, la naturaleza que los acoge y un sistema capaz de garantizar su derecho a la búsqueda de la felicidad.

(Publicado el 14/09/2015 en Prensa Libre)

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