El Perro y las Salchichas

(Publicado el 06/04/2009)

El problema con los privilegios para los funcionarios, es que ellos no saben controlar su adicción al poder.

Libertad para obtener cuantas municiones deseen, del calibre que sea, para utilizar armas de cualquier tipo porque ellos son funcionarios o ex funcionarios de Estado, es la última de las increíbles movidas de los flamantes legisladores.
En este país agobiado por la violencia criminal y política –porque no pretendan ahora afirmar que los ataques a la doctora Gladys Monterroso o al periodista Rolando Santiz fueron delincuencia común- es un insulto más a la sensibilidad de la población que los diputados jueguen a los vaqueros con un tema de tal trascendencia.
La exención de requisitos y limitaciones en la adquisición de armas y municiones para los representantes del pueblo en el Congreso de la República no es ilegal -porque para ello los propios legisladores redactaron la ley- pero sí es una decisión que resta legitimidad a su actuación y genera muchas dudas sobre sus intenciones.
El mensaje enviado a la sociedad, pero sobre todo a la juventud, es muy claro. La medida expresa un total escepticismo respecto a una recuperación de los valores y la estabilidad institucional, les dice cuán importante es para ellos su seguridad personal y cuán poco les importa la del resto de la población. Les echa en cara su poder para obtener privilegios mientras prohiben a sus conciudadanos aquello de lo cual gozan sin restricciones.
Echando una mirada en retrospectiva, analizando la reputación, los actos delictivos, los nexos con el narcotráfico y la orgía de corrupción en la cual se ha desarrollado la actividad legislativa durante los últimos veinte años, da pánico pensar en los alcances de este libertinaje, el que inevitablemente hace reflexionar sobre lo aventurado que es colocar al perro al cuidado de la salchichonería.
En una sociedad que pierde valores y esperanza de manera dramática, la conducta de estos funcionarios da vergüenza. Lo menos que podría esperarse de ellos es un mínimo espíritu de solidaridad con quienes dependen de sus acciones en el máximo organismo representativo del sistema democrático. Una actitud responsable y seria daría pie a comenzar a reconstruir a esta sociedad dividida entre su deseo de continuar la lucha por un sistema equitativo y justo, y un instinto de supervivencia primario que empieza a hacerles añorar una administración de mano dura.
Lo que hoy sucede en Guatemala ha alcanzado niveles nunca vistos, ni siquiera cuando los esbirros de Romeo Lucas y sus cómplices salían a eliminar ciudadanos a mansalva. Si esto no es suficiente para despertar la conciencia de los diputados, entonces ¿qué se requiere para lograrlo?

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