Una cumbre diferente

(Publicado el 27/04/2009 en Prensa Libre)

Son muy altas las expectativas de los presidentes latinoamericanos respecto a la política exterior de Estados Unidos con el hemisferio.

En realidad, no se necesitaba mucho para marcar una diferencia crucial entre George W Bush y cualquier sucesor. Bastaba con alguien dotado de carisma, sentido común, sensibilidad humana e inteligencia para que esa distancia quedara establecida. Sin embargo, Barack Obama supera esos requisitos mínimos y, con su ya proverbial habilidad diplomática, comienza a perfilarse como un potencial aliado para los países del hemisferio sur.
Otra cosa son las expectativas, tanto de los mandatarios latinoamericanos como de las sociedades de estos países, cuya percepción de la política de la Casa Blanca ha ido desde el rechazo hasta la discriminación, pasando por toda clase de matices político económicos, en ninguno de los cuales se ha evidenciado el menor interés por parte de los gobiernos estadounidenses por el desarrollo del sur.
Estas expectativas están teñidas, sin duda, por las nuevas tendencias hacia la izquierda de los gobiernos del hemisferio. Estas administraciones de corte socialista, aún cuando llevan una línea claramente populista, saben lo que es ceder espacios importantes en los terrenos sociales, políticos y económicos con el propósito de evitar la profundización de las divisiones dentro de sus países, pero sobre todo para encajar con mayores oportunidades en el contexto mundial.
Por ello es importante tomar en cuenta que aún cuando el presidente estadounidense tenga intenciones de generar mayores y mejores relaciones con las naciones de América Latina, sus prioridades están claramente establecidas en una agenda cuyo orden no depende únicamente de su decisión, sino de un plan de gobierno consensuado con otros sectores y entre las cuales defender su tajada del comercio mundial es una de las más importantes.
La recién pasada Cumbre de las Americas dejó algunas lecciones interesantes sobre el nuevo líder estadounidense. Acostumbrados como estábamos a la arrogancia y a las insensateces de Bush, el contraste con este político directo capaz de hablar sin aspavientos y decir las cosas por su nombre, fue un soplo de oxígeno muy saludable. Su actitud amable tiene un efecto adicional interesante, y es dejar sin espacio de manipulación a quienes han hecho de su antiamericanismo visceral una bandera de lucha. Es decir, Chávez, Morales y compañía.
En el tema migratorio, cualquier avance será bienvenido, aunque eso no signifique necesariamente cambios fundamentales en la política actual. Las esperanzas de un giro de ciento ochenta grados en el rumbo de la Casa Blanca son imposibles de alcanzar, pero una moderación en el tono puede hacer una enorme diferencia con el pasado reciente.

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