La integridad no está obsoleta

(Publicado el 23/05/2009 en Prensa Libre)

Parece que los valores hubieran pasado de moda. Hoy se trata de perseguir el enriquecimiento fácil y rápido. No importa cómo.

Aunque parezca cuento de viejos, en el pasado sí hubo épocas de un ejercicio político inteligente, estratégico, idealista y enfocado en el engrandecimiento del país. La codicia y la corrupción –tan normal para los políticos actuales- era mal vista y quien se enriquecía a costa del abuso de poder se exponía a ser señalado públicamente. Por supuesto, corruptos siempre hubo.
Las cosas han cambiado y actualmente se tiende a creer que la integridad es una limitación innecesaria en la realización de un proyecto de vida. Así se han ido delineando los nuevos modus operandi políticos, empresariales y profesionales. El abogado más tramposo es el más “buzo” y quien no utiliza los trucos del chantaje, el soborno y la extorsión, es considerado un baboso.
Así como sucede con los profesionales de las leyes, también se observa entre quienes ejercen la medicina o se mueven en el ámbito de las finanzas, porque la degradación moral no tiene especialización y se cuela por todos los resquicios de la sociedad.
En el ámbito político, la mentira se ha entronizado como estrategia de comunicación, con el aval de todos los estamentos oficiales. La propaganda de gobierno –la cual debería ser ilegal por constituir un despilfarro innecesario de fondos públicos- está llena de inexactitudes. Los gobernantes de turno colocan su rúbrica en cada obra que se construye, en cada tragante que se limpia, en cada chorrito que se instala. Buscan el reconocimiento personal en un trabajo que no es más que su obligación e intentan construir imagen a costa del esfuerzo y el dinero de otros.
Esta distorsión de los valores no es poca cosa. A partir de una práctica viciada del poder se van corrompiendo una tras otra las instituciones fundamentales para el ejercicio democrático y, a partir de ese punto, deja de existir el Estado de Derecho.
Lo que hoy se vive en Guatemala, la confrontación entre sectores, patrocinada y avalada por el gobierno, el distanciamiento entre los políticos y sus electores y la falta de credibilidad que todo ello provoca, es sólo una muestra de lo profundo del desgaste que experimenta el sistema. A ello se agrega la descomposición del sector justicia y de las fuerzas del orden, con lo cual el cuadro está completo.
Urge una vuelta al orden, una depuración efectiva de los organismos del Estado y un retorno a los valores que dieron sentido al establecimiento de la democracia. De otro modo no existirá la menor probabilidad de superar la crisis actual ni de salir adelante con un proyecto de Nación coherente, sólido y con mínimas expectativas de éxito. El país lo merece, pero sobre todo lo merecen sus habitantes honestos y trabajadores.

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