El lado positivo

(Publicado el 25/05/2009 en Prensa Libre)

De acontecimientos trágicos que desembocaron en la peor crisis política de los últimos tiempos, algo positivo se rescata.

Uno de los efectos más estimulantes de una crisis como la actual es la reacción institucional –en este caso del Congreso de la República- hacia la corrección política. La aprobación en tercera lectura de la ley de comisiones de postulación, la cual permite aspirar a un proceso más transparente en las elecciones de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, cortes de Apelaciones, fiscal general y contralor general de cuentas, constituye un hito de enorme trascendencia para el futuro del país.
Las mencionadas instancias son la base fundamental de un sistema de justicia funcional capaz de restaurar la confianza de la población y detener, gracias a acciones apegadas a derecho, la violencia y la impunidad que en la actualidad se encuentran totalmente fuera de control.
La sola posibilidad de contar con magistrados, jueces y fiscales responsables y cuidadosos al momento de emitir sentencias y de investigar casos, alimenta la esperanza de cambio y, a la vez, obliga a quienes violan la ley de manera consuetudinaria a revisar su conducta.
El efecto de una decisión acertada tiene impacto multiplicador. No cabe duda de que las repercusiones de los señalamientos en el video grabado por el abogado Rosenberg poseen muchos matices, uno de los cuales ha sido un cambio en la línea de acción de algunos políticos, un mayor énfasis en las investigaciones para detectar irregularidades en ciertas instituciones bancarias y gremiales, un poco más de mesura en la publicidad de la información sobre estos casos y quizás menos tolerancia hacia actos ilegales cometidos por funcionarios o elementos pertenecientes a las fuerzas del orden.
Al final de cuentas, el caso que ha puesto al país de cabeza ha sido un pequeño huracán el cual, aún cuando no ha tenido la fuerza suficiente para romper estructuras, sí las ha puesto a temblar.
Lo esencial en este momento es aprovechar la ocasión para corregir y exigir la corrección de aquellas patologías administrativas expuestas al escrutinio público, sin convertirla en excusa para promover el divisionismo, para atacarse unos a otros ni para transformar el momento en el preludio de una crisis mayor con el convenientemente añadido odio de clases.
Uno de los efectos más positivos de este vendaval de acusaciones es el hecho de que la juventud decida romper su apatía para sumarse a una recuperación de valores cívicos. Aún cuando es demasiado prematuro suponer que eso incidirá en una sociedad más participativa, no deja de ser un paso promisorio que antes no se había producido, pero que resulta muy bienvenido en un país cuya población es mayoritariamente joven.

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