El foro de la vergüenza

Publicado el 16/07/2011

En ciertas ocasiones, es un consuelo saber que nunca cumplen lo que prometen. 
La Conferencia Episcopal puso a los candidatos es una hábil encerrona con la finalidad de conseguir el compromiso de observar los preceptos de la Iglesia Católica antes de tomar decisiones de Estado. Y sin duda tuvo éxito. La mayoría de candidatos –excepto por una o dos respuestas más o menos consistentes con posturas opuestas a ciertas imposiciones del clero- se persignaron, agacharon la cabeza y aceptaron la presión sin chistar.

La foto de portada de Prensa Libre del jueves 14 habla por sí sola: once pretendientes al sillón presidencial con aspecto de inocente pureza en el acto de orar para sellar sus promesas de abstinencia. Abstinencia, claro, en lo relativo a sus decisiones en caso de llegar a la presidencia en temas tan “escabrosos” como el aborto, la salud sexual y reproductiva de la población guatemalteca y la educación sexual para adolescentes.

A medida que transcurría el foro, se pudo ver a Patricia de Arzú predicar contra el divorcio y calificar la homosexualidad como una abominación, a Suger pronunciarse contra los avances de la ciencia en el tema de la fertilización in vitro, a Pérez Molina defender el derecho a la vida y la importancia de la familia, mientras las dos mujeres con mayor formación política, Rigoberta Menchú y Adela Torrebiarte mantenían a duras penas una postura más apegada a las leyes y a los avances en materia de educación sexual y programas de salud reproductiva.

Es importante, en estos casos, subrayar la importancia de consultar las fuentes expertas en estudios sociales. Allí se encuentran los aberrantes indicadores de desarrollo social de Guatemala, entre los cuales destacan de manera abrumadora las muertes maternas y de recién nacidos, la desnutrición crónica que afecta a más de la mitad de los infantes menores de 4 años, los números en ascenso de embarazos en niñas y adolescentes -la mayoría de ellos provocados por incesto y violaciones- así como la falta de acceso de la población más pobre a métodos de control de la natalidad. Estos flagelos son solo algunos de los males provocados por falta de educación y de información sobre los temas del debate.

Lo interesante del foro fue la manera como la Conferencia episcopal puso en evidencia la doble moral de los candidatos. La conclusión obvia es que la vergüenza mencionada en el titular de esta columna no se refiere a la institución eclesiástica –la más coherente del evento, ya que no oculta su posición ni disimula sus objetivos- sino a quienes pretenden gobernar mostrando una ignorancia enciclopédica respecto de las leyes de la República y los tratados internacionales en temas de educación y salud sexual y reproductiva. Y ya que uno de ellos será Presidente, es fundamental blindar al Congreso con un voto cruzado que le impida regresar al país al medioevo.

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