Esas cosas de la vida

Publicado el 28/05/2011

En tierra de nadie cualquiera se apodera de los espacios públicos. 


La ciudad se despierta cada mañana con un paisaje nuevo. Miles de carteles pegados en los muros, colgando de los postes y clavados en los árboles. Rostros ya conocidos de tan vistos, sonriendo con dientes y pieles blanqueadas desde los muppies, vagas promesas de nada o de cualquier cosa desafiándonos desde inmensas vallas panorámicas. Comenzó de nuevo la campaña, la misma que ya estaba en las calles sin autorización del TSE.
Es probable que esa irrupción en el entorno resulte normal para una buena parte de la población, porque ya está acostumbrada a la contaminación visual comercial, no muy diferente de la política. Sin embargo, la tolerancia ante ese abuso del espacio público no es más que una manifestación de la pasividad de la comunidad, resignada a su papel de espectadora de la decadencia de sus instituciones y de sus líderes. 
La municipalidad de Guatemala emitió hace más o menos una semana una norma prohibiendo el uso de la infraestructura urbana como postes, puentes, pasarelas y otras instalaciones. Al día siguiente, estaba todo tapizado de afiches. ¿Negociaciones privadas con el alcalde o simplemente el uso de la costumbre de hacer caso omiso de la ley?
Pero eso no sería nada si esta campaña no se caracterizara por su extrema vacuidad. No hay propuestas, nadie presenta programas serios y algunos candidatos creen que la población es simplemente estúpida y basta con regalarle un almuerzo para conseguir su voto. Aun cuando tuvieran razón en este último punto, es un insulto a la ciudadanía llegar a las candidaturas con las manos tan vacías como el cerebro.
Hay casos extremos, como el de la esposa del alcalde de la capital, quien se limita a referirse a Dios –quien, aparentemente, le habló en vivo y en directo para encomendarle la salvación de Guatemala- pero de planes de gobierno, nada. Ese tema no está en la mesa para ser discutido y por lo visto, tampoco le quita el sueño.
La característica de esta campaña electoral es la falta de información y el exceso de retratos. En otras ocasiones ha predominado la presencia de símbolos de los partidos, pero hoy parece que los recursos de la tecnología hacen muy apetecible figurar con la cara tersa como nalga de bebé y una expresión acorde con el tono del discurso. Ceñudos unos –los de mano dura- y sonrientes otros –los encomenderos de la divinidad.
Si así serán las cosas, no hay que extrañarse de un alto nivel de abstencionismo en un evento que se caracteriza por la falta de propuestas serias, racionales, bien estructuradas, coherentes con la realidad trágica y poco promisoria que actualmente vive Guatemala. Eso sí, todos hacen gala de un caudal impresionante de recursos económicos, pero ninguno de los candidatos da razón de su origen. Quizás si se descubre ese pequeño detalle, habría una idea más clara de hacia donde va el futuro del país. 

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