Preventivo cinco estrellas

Ante un cañonazo de puro efectivo no hay funcionario que se resista, menos aún agentes de seguridad mal pagados.

Uno de los mayores obstáculos para combatir a las redes del narcotráfico es su capacidad para comprar popularidad. En las áreas donde instalan sus centros de operación invierten millones de dólares en infraestructura y equipo, con lo cual generan empleo y mayores ingresos para la población local. Pobre pero efectivo consuelo para quienes sufren las consecuencias de su violento modo de vida.
El dinero a discreción es la llave del poder de estas organizaciones criminales. En países con escasa infraestructura de servicios, pocas oportunidades de desarrollo para la población y un sector mayoritario de jóvenes sin acceso a educación ni a fuentes de trabajo, las condiciones para la consolidación de su poder y la expansión de sus territorios, están dadas.
Esta situación se replica en menor escala en organizaciones de maras, cuyo método operativo se centra en robo de vehículos, secuestros, extorsiones y asesinatos a pedido. Estas pandillas juveniles parecen ser un subproducto de las redes de la droga, que probablemente las usan como mano de obra disponible y también como parte de una estrategia de debilitamiento de las entidades encargadas de la seguridad ciudadana, de las instituciones públicas y de la estabilidad social.
El sistema de administración de justicia ha sido impotente ante la avalancha de actos criminales. En estos últimos años, se ha hecho cada vez más evidente la permeabilidad de sus estructuras a la tentación del soborno y a las presiones, a la obsolescencia de las leyes y a la ineficiencia de sus operadores.
Por ello no hay que extrañarse de la debilidad del sistema carcelario como una manifestación más de las deficiencias en la seguridad ciudadana. Drogas, alcohol y tecnología de punta tienen acceso directo a las bartolinas para servir a los miembros de las maras como herramientas de entretenimiento, pero sobre todo de comunicación con el exterior para continuar con sus operaciones delictivas.
Tanto maras como organizaciones del narcotráfico parecen estar más tecnificados y, por supuesto, mejor equipados de armas de grueso calibre que el propio Estado, el cual ni siquiera ha podido hacer funcionar los aparatos de intercepción para señales de celular en las cárceles del país.
La dificultad para proponer soluciones a esta problemática está dada fundamentalmente por el debilitamiento institucional, por el fortalecimiento proporcionalmente inverso de las organizaciones criminales y por la impotencia general de la población. Sin embargo, se podría comenzar por ofrecer oportunidades de estudio y trabajo a la numerosa juventud de este país.

Publicado en Prensa Libre el 31/01/2009

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