El santo del cerro

Guatemala necesita infraestructura para el desarrollo de la cultura. Por eso cualquier iniciativa pública o privada en esa dirección, es buena noticia.

Parte del problema de la carencia de espacios para el desarrollo de la cultura, es el desprecio de los círculos políticos por cualquier cosa que huela a arte o a intercambio de ideas en esa dirección. Parecen no reparar en el hecho de su importancia fundamental en la construcción de la identidad nacional, en la consolidación de los planes educativos, en los procesos de rehabilitación de las sociedades y como complemento del sistema democrático. Les resulta imposible entender que el arte y la cultura, como vehículos de desarrollo humano, no tienen sustituto.
Ante la falta de atención de los gobiernos democráticos por promover las actividades culturales y proporcionar centros de enseñanza de buen nivel a quienes desean seguir el estudio de las disciplinas artísticas, han surgido iniciativas visionarias desde el sector privado, con la intención de paliar un poco estas carencias.
Uno de los proyectos más notables es Santo Domingo del Cerro, en la ruta de ingreso a La Antigua Guatemala. Santo Domingo del Cerro es un conjunto de edificaciones diseñadas bajo un concepto estrictamente ecológico –factor íntimamente vinculado al mundo del arte y la cultura- para dar albergue a las obras de notables artistas nacionales, pero también con la intención de servir de sede para talleres experimentales de escultura, pintura y otras manifestaciones de las artes visuales.
En este paraje privilegiado desde el cual se observa la cuadrícula perfecta de calles antigüeñas con los imponentes volcanes de fondo, se reúnen periódicamente artistas como Luis Díaz, Efraín Recinos y Amerigo Giracca para intercambiar ideas, trabajar enormes murales realizados en mosaico, instalar esculturas y hablar sobre arte. Pero también para enseñar a otros los misterios de su oficio.
Uno de los grandes méritos de este complejo situado en las alturas, es su calidad. No se trata de otra ruina como la Escuela Nacional de Danza, el Conservatorio Nacional de Música o la Escuela de Artes Plásticas, cuya decadencia física denota a gritos la negligencia de las autoridades y su ignorancia respecto a esos temas. Santo Domingo del Cerro tiene todo lo que el arte y los artistas merecen: infraestructura de lujo y un entorno que invitan a la creación.
Esta clase de esfuerzos aportan mucho más a la consolidación de la democracia y la paz que el fallido discurso político. No se trata de construir más centros culturales de alto nivel, sino de poner atención a los abandonados y ruinosos que ya existen y representan una vergüenza para el Estado. En lugar de despilfarrar dinero en una selección de fútbol fracasada, mejor sería dar la oportunidad a niños y niñas que aspiran a ser bailarines, músicos o escultores. Y, sin duda, más gratificante.

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