El valor de lo intrascendente

Con el objetivo de desviar la atención de la sociedad lejos de los temas relevantes, los políticos son capaces de cualquier cosa.

Si las últimas acciones del Presidente Colom son producto de su ingenuidad, su inmadurez política o de una franca mala fé, es algo que merece un concienzudo análisis. En todo caso, la estrategia –si existía- ha dado resultado. A raíz de su viaje a Cuba, el revuelo armado por la decisión del sector empresarial de salirse de la comitiva y la fuerte polémica ante la concesión de la Orden del Quetzal a Fidel Castro, han logrado acaparar la atención de los sectores de opinión y de la sociedad informada.
Relegados han quedado otros temas sustantivos como las últimas acciones violentas de los carteles de la droga; las amenazas de rescatar a sus miembros capturados por las fuerzas de seguridad; el caso contra el ex fiscal Matus y las pruebas ofrecidas por la Cicig para confirmar su vinculación con el asesinato del ex asesor de seguridad del ministerio de Gobernación, Víctor Rivera; las discusiones sobre la ley de armas; el regreso del ejército a las comunidades más afectadas por la violencia y otros hechos que merecen toda la atención de la sociedad organizada.
Al final de cuentas, lo importante no es debatir sobre si Colom perdió la cabeza entregándole la presea guatemalteca a un dictador como Castro –a pesar de que los dictadores ya adornaban desde hace mucho las páginas de la Orden del Quetzal-, o si estaría pensando claramente en las repercusiones de su decisión de pedir perdón al pueblo cubano por haber apoyado a Estados Unidos en la invasión de Bahía de Cochinos.
La polémica sobre este anecdotario diplomático con aroma setentero no debe obnubilar a los líderes de opinión al punto de perder de vista lo sustantivo. En realidad, es un hecho que la condecoración en mientes perdió su lustre desde hace mucho y que se ha repartido a gusto y capricho de los presidentes que han pasado por el Palacio Nacional, quienes no han tenido precisamente buen criterio para adjudicarla.
Pero además, ¿cómo es posible dar tantísima relevancia a un tema secundario? Es mucho más urgente cuestionar la decisión presidencial de viajar. No sólo de haber visitado Cuba, lo cual no le da ni le quita a este gobierno, sino simplemente de pasarse la mayor parte del tiempo productivo en viajes que a la larga no van a generar más prosperidad ni mejores condiciones de vida al pauperizado pueblo guatemalteco.
Guatemala está atravesando uno de los peores momentos de su historia, con indicadores que demuestran el nivel de irresponsabilidad y negligencia de todas las administraciones y los grupos de poder económico que han puesto las reglas y han dictado las leyes. Es hora de hacerle frente a la realidad sin perderse en distracciones cosméticas.

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