Peso muerto

(Publicado el 30/05/2009 en Prensa Libre)

La corrupción dentro de las instituciones del Estado ejerce la fuerza suficiente como para neutralizar cualquier intento de depuración.

Es difícil saber qué pasó por la mente del señor Insulza cuando emitió su informe ante la asamblea de la OEA, afirmando su total confianza en la fortaleza institucional de Guatemala; porque, si hay algo débil en este país, son precisamente sus instituciones.
En esa línea, hay que empezar por analizar la conducta del Congreso de la República, cuyos representantes han sido incapaces de actuar de manera unánime para exigir el fortalecimiento del sector justicia –no digamos adoptar una postura firme en relación con la actual crisis- ni han tenido la estatura moral para exigir transparencia en la administración de los asuntos públicos, incluidos los suyos propios.
La impunidad reinante en este país no es un accidente ni una percepción equivocada de los desestabilizadores de siempre. Es la consecuencia directa del clientelismo político, la anarquía institucional, la absoluta falta de ética en los operadores de justicia, el crimen enquistado en las fuerzas de seguridad, las negociaciones entre partidos a espaldas de la ciudadanía, todo lo cual se traduce en un permanente abuso perpetrado a nivel institucional en contra de toda una sociedad debilitada en sus mecanismos de defensa cívica.
¿Es ésa la institucionalidad estable de la cual habla el señor Insulza? La realidad es que la institucionalidad debe fortalecerse y no es tapando el sol con un dedo como eso se va a lograr. Aquí es urgente enfrentar el problema de fondo, comprender que la crisis actual no es producto de un video sino de muchos años de corrupción y de la ausencia de un verdadero estado de derecho. Por supuesto, no es ése el discurso diplomático.
Para comenzar a retomar el camino democrático, primero hay que terminar con las violaciones a los derechos humanos, incluída en este aspecto la falta de acceso de las mayorías a salud, educación y trabajo.
Hay que proteger los derechos de las mujeres, de la niñez y la juventud, erradicando la discriminación y el abuso contra estas minorías. Hay que reducir los vergonzosos índices de desnutrición crónica que afecta a más de la mitad de la población y dejar de explotar los pocos avances con afán propagandístico. Hay que erradicar la corrupción en la administración pública y transparentar las finanzas del Estado respetando la ley de acceso a la información. Hay que luchar contra el narcotráfico y su influencia en todos los estamentos públicos, sin importar la influencia de los involucrados.
Contrario a la impresión de Insulza, Guatemala debe iniciar una cruzada nacional por la recuperación de su institucionalidad. Para ello, tendrá que sacudirse el peso muerto, ese lastre moral que, enquistado en sus máximas instancias, no la deja avanzar.

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