Un poco de ánimo

Después de un tiempo, cansa escribir sobre lo malo y se siente la imperiosa necesidad de abordar temas más optimistas.

Guatemala es un país lleno de arte. Pese a quien le pese –sobre todo a los gobiernos que consideran estas expresiones un factor “prescindible” del desarrollo- el arte surge casi de la nada, se sobrepone a los obstáculos, llena los espacios vacíos y se despliega rebelde a través de los elementos más corrientes de la vida cotidiana.
Casi se podría afirmar que la falta de apoyo estatal no ha logrado más que avivar esa energía y es la juventud, ese enorme contingente de guatemaltecos menores de 30 años que constituyen la gran mayoría, la llamada a nutrirla y hacerla parte de su diario vivir y del nuestro.
Siempre pensé que Guatemala era un país eminentemente poético. Luego, comprendí que la exuberancia de su naturaleza y el talento innato de su gente también se expresaba por medio de los colores, los volumenes y las texturas. Ahora resulta que Guatemala también canta, y que lo hace bien.
Sin embargo, esa pugna permanente entre el talento y la falta de medios para desarrollarlo resulta un factor determinante en la pérdida de oportunidades para miles de jóvenes, quienes ven frustradas sus esperanzas de transformarse en ejemplo y en ícono para el resto de sus compatriotas, llevando el nombre de su país en clave positiva al mundo entero.
La semana pasada recibí la llamada telefónica de una persona preocupada por esta situación. Me habló sobre Mario Chang, un joven de 22 años quien a pesar de poseer un talento artístico excepcional, reconocido con entusiasmo en los círculos europeos del bel canto, carece del dinero suficiente para sufragar los gastos mínimos para aprovechar las oportunidades de triunfo que le ofrece el viejo continente.
Mario Chang venció en el festival de Belluno, Italia, a otros concursantes que probablemente poseían el respaldo de sus respectivos países y el apoyo incondicional de sus compatriotas. Hoy, para cumplir dignamente con el privilegio que le otorgó el premio –realizar una gira por Europa como protagonista de la ópera Elixir de Amor, de Donizetti- este joven y brillante tenor tiene que recurrir a la ayuda de guatemaltecos de buena voluntad, porque su país no se la ofrece.
¿Dónde están el Ministerio de Relaciones Exteriores, el de Cultura y Deportes, el Congreso de la República que tan generosamente despilfarra sus fondos en lujos y viáticos innecesarios? Esta es una magnífica oportunidad para demostrar que los valores nacionales sí les importan, que la juventud no está sólo para servirles de plataforma electoral y que son capaces de comprender que el futuro del país merece un esfuerzo adicional.

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