Expectativa de vida

Tener una vida normal se ha transformado paulatinamente en un sueño inalcanzable para millones de guatemaltecos.

De nada sirve la emisión de leyes –buenas o mediocres- si no existe un sistema capaz de hacerlas cumplir. Es como tener barredoras de nieve en Zacapa. Es éste, quizás, el meollo de todo: esa incapacidad del Estado para cumplir con su deber y su vulnerabilidad ante el tráfico de influencias y la corrupción. Con semejante desventaja, resulta imposible ejercer controles administrativos y, por consiguiente, detener el proceso de desintegración que actualmente experimenta la institucionalidad.
Cuando se hace un análisis de las prioridades en la hoja de vida nacional, el tema de la seguridad viene antes que la alimentación, la salud, la educación y cualquier otro derecho humano.
Tampoco sirve una ley contra el femicidio o una regulación contra la trata de personas, si el Estado permite la anarquía dentro de las cárceles, tolera la comisión de delitos desde sus propias dependencias, es incapaz de depurar el sistema de justicia y concede a sus funcionarios el lujo de cometer toda clase de abusos, desde la negligencia en el ejercicio de sus funciones hasta el enriquecimiento ilícito.
Los asesinatos de mujeres han aumentado. De acuerdo con investigaciones sobre el tema de la violencia, también se han incrementado de manera significativa los crímenes contra la vida de niñas, niños y adolescentes, las extorsiones desde los centros de reclusión y los secuestros.
En lo referente a persecusión penal, la situación sigue su camino en reversa. Mientras más casos se producen, menos casos se resuelven y la mayoría de ellos ni siquiera llegan a la etapa de investigación. Si así son las cosas en relación con los crímenes de mayor magnitud, es de imaginarse que los casos de violencia intrafamiliar –los cuales suelen acabar en la muerte de niñas, niños, adolescentes y mujeres- no merecen ni un pestañeo por parte de las autoridades.
Viendo el cuadro completo, la actitud de los gobernantes destaca por su fuerte acento de incompetencia y deslealtad. Hacer el juego político de candidato ya no encaja con la responsabilidad presidencial. Así como subrayan algunos analistas, la propaganda oportunista sobre el tema de la educación gratuita –la cual ha sido gratuita por ley desde que existe una Constitución- es una burla contra la sociedad, tanto como los acuerdos privados con el monopolio de la televisión y la audaz afirmación de que ha disminuído la muerte materna en un país cuyos índices de desarrollo social están entre los más bajos del continente.
Es hora de reaccionar, el fondo está muy cerca como para continuar haciendo fiesta triunfalista del poder político.

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